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Un hotel en Recoleta que encontró en la madera de roble y en la vid argentina su propia marca

A metros de la avenida Alvear y con una identidad tejida en torno a los toneles mendocinos, el emprendimiento hotelero de los Catena cumplió una década y media de vida, se sometió a una reforma gradual que arrancó en mayo de 2026 y, mientras encara esa puesta a punto, aparece en el puesto 14 del ranking de los veinte mejores hospedajes de Sudamérica según los lectores de la revista Condé Nast Traveler.

Por Patricia ZalazarTurismo y ambiente · 4 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A metros de la avenida Alvear, sobre la avenida Quintana, la primera señal que recibe el viajero no es un cartel ni un portero uniformado, sino una puerta de seis metros de madera de roble francés, construida con los toneles que alguna vez guardaron vino y que pesa lo suficiente como para que haga falta ayuda para abrirla. Esa pieza, más cerca del umbral que de la decoración, funciona como síntesis del proyecto que un grupo de integrantes de la familia Catena puso en marcha a comienzos de la década de 2010 y que en el corriente 2025 se ubicó en el decimocuarto puesto del ranking Top 20 Hotels in South America de los Readers' Choice Awards de la revista Condé Nast Traveler, segunda posición entre los hoteles argentinos de esa misma lista.

Veintinueve habitaciones sin dos iguales

El alojamiento dispone de 29 habitaciones distribuidas en distintas categorías, ninguna igual a la contigua. Las bañeras fueron talladas en Mendoza a partir de una sola pieza de madera, de modo que no se repiten las formas ni las vetas; en el piso doce funcionan dos dúxex con terraza propia y vista hacia la Basílica del Pilar, en tanto que las habitaciones del sexto piso suman sauna seco privado. Desde mayo de 2026, el establecimiento avanza en una reforma piso por piso que procura conservar la estética que lo caracteriza, un detalle clave en un negocio donde la identidad visual se construyó alrededor del roble de los toneles, la madera tallada y la presencia constante de la vitivinicultura.

Alrededor del 80 por ciento de los huéspedes son extranjeros; la mayoría proviene de Estados Unidos y durante el invierno del hemisferio norte se suma un contingente europeo que busca destinos estivales en el sur del continente. La estadía promedio ronda una o dos noches, una escala breve que el propio modelo del hotel aprovecha para ofrecer experiencias cerradas como las catas y los menús de cena.

Una cava, dos restaurantes y un spa con vista

El bar de vinos, bautizado Verdot, tiene como centro una cava climatizada de cuatro metros de largo por tres de altura donde se reúnen casi 300 etiquetas de Mendoza, Salta, San Juan, la Patagonia y La Rioja, y ofrece catas guiadas por sommelier tanto en forma privada como para grupos de hasta 50 personas. Funciona de mediodía a medianoche y se convirtió en una de las postales del lugar.

La propuesta gastronòmica se completa con Rufino, una parrilla que atiende solo durante la cena y se abastece en parte de una huerta propia instalada en el subsuelo del edificio. La carta de cocina está a cargo de un especialista en cocina patagónica, en tanto que la carta de tragos lleva la firma del bartender de Florería Atlántico, un bar que en su momento integró el ranking mundial de los 50 mejores del mundo. En el piso ocho funciona un spa con pileta climatizada, sauna seco, sauna de vapor y sala de masajes, y el hotel pone a disposición de los huéspedes una sala de reuniones con servicio de videoconferencia sin cargo adicional, un beneficio poco habitual en la hotelería de la zona.

Entorno y temporada recomendada

El barrio inmediato añade atractivos propios: a pocos pasos se encuentra la avenida Alvear, con su línea de palacios y fachadas históricas que resume buena parte del repertorio arquitectónico de Recoleta, mientras que el cementerio donde descansan los restos de Eva Duarte, el Centro Cultural Recoleta y el Buenos Aires Design completan la oferta cultural a la que el viajero puede acceder a pie. La temporada más conveniente para visitar este hotel del centro de la Recoleta se extiende entre fines del invierno austral y el inicio del verano, cuando el otoño en el hemisferio norte empuja a los turistas europeos y estadoun‐denses a cruzar el Atlántico en busca de temperaturas más templadas y, al mismo tiempo, los enólogos locales recomiendan sus mejores vendimias de la zona andina.

PZ
Patricia ZalazarTurismo y ambiente

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