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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Una astrofísica en descampado: la historia de Marina llega a Villa Crespo para contar, con humor y estrellas, la otra cara de la ciencia

Victoria Baldomir protagoniza "Estrellada", un unipersonal escrito y dirigido por Verónica Litvin que se planta en NüN Teatro Bar para cruzar astronomía, drama y memoria de las mujeres que hicieron ciencia a contrapelo de todo

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · · hace 1 h
Una astrofísica en descampado: la historia de Marina llega a Villa Crespo para contar, con humor y estrellas, la otra cara de la ciencia

La sala todavía está a oscuras cuando Marina pisa el escenario. No hay música previa, ni compás de espera. Apenas el primer acorde: una mujer parada en medio de un descampado, con los ojos llenos de estrellas que nadie le quiso mirar. Ahí nomás arranca Estrellada, el unipersonal que Verónica Litvin escribió y dirige y que Victoria Baldomir sostiene en cuerpo y alma, todos los jueves a las 21.00 en NüN Teatro Bar, Juan Ramírez de Velasco 419, en el corazón de Villa Crespo, con funciones que se estiran hasta el 26 de noviembre de 2026.

Como suele decirse por estas tierras, Marina tiene el corazón estanzado: le clavaron una puñalada de las que duelen despacio. Después de años de investigación, justo cuando asoma un hallazgo importante, le llega una carta que la corre del proyecto que ella misma había armado con sacrificio. Esa traición, que viene de alguien muy cercano, la empuja a ese descampado con la intención firme de no volver. Pero la noche tiene otros planes: la luz de las estrellas empieza a iluminar objetos desparramados por el suelo, y cada uno se convierte en un pedazo de su propia historia, de sus descubrimientos, de sus amores, de las decisiones que fue tomando mientras le decían que investigar en la Argentina era casi un acto de fe.

Ciencia con nombre de mujer

Estrellada no nace de la nada. La obra es una ficción, sí, pero una ficción con los pies bien plantados en experiencias reales: las de esas mujeres a las que el siglo XX les birló el apellido de sus propios hallazgos. Investigadoras a las que colegas varones les firmaron el trabajo, les vaciaron los laboratorios y, cuando las pudieron, las mandaron al ostracismo. Litvin recoge ese hilo histórico y le suma una pregunta que nos toca de cerca: qué significa investigar en un país con la economía hecha pedazos, dónde poner el cuerpo entre crecer profesionalmente o quedarse, con lo que eso implica para cualquiera que alguna vez armó una valija con la duda metida adentro.

"Más allá de los sinsabores de la historia, creo que el corazón de Estrellada gira en torno a la vocación como fuerza vital, una especie de faro al que aferrarse", me dice Litvin cuando le pregunto por el motor de la pieza. Y se nota: aun en los momentos más duros, la obra respira con humor y con ironía, como si Marina se riera en la cara del destino para no terminar llorando en una esquina. Esa mezcla es la que la vuelve tan de acá, tan nuestra, sin perder un ápice de rigor.

Las protagonistas, una por una

  • Verónica Litvin: autora y directora. Estrellada es su segundo trabajo en ese doble rol. Su primera pieza como dramaturga, Verde infinito, hizo dos temporadas e integró la Fiesta de Teatro CABA 2025. A lo largo de su carrera pasó por festivales como el FIBA y el Festival Internacional de Dramaturgia.
  • Victoria Baldomir: la cara y la voz de Marina. Egresada de la Licenciatura en Actuación de la Universidad Nacional de las Artes, suma este unipersonal a una trayectoria que viene creciendo a fuerza de personajes intensos y obras que incomodan a la buena.

Hay un detalle que me gusta repetir, porque Litvin lo aclara y a mí me resuena: la astronomía no está puesta ahí como un decorado bonito. Funciona como hilo conductor y como recurso dramático para revisar la memoria y la identidad de Marina, que es, en el fondo, la de muchas. Mirar el cielo fue siempre un modo de preguntarse quiénes somos, y acá se vuelve también un modo de preguntarse por qué a ciertas mujeres les costó tanto que les reconocieran hasta el más mínimo destello. Como cuando uno canta un chamamé que arranca con esa frase que ya es un himno: "cuando me vaya de tu lado, no digas que no te quiero", porque la traición y el amor suelen ir tomados de la mano, y Marina lo sabe mejor que nadie.

Si me tengo que poner opinativo, lo digo de una: Estrellada es de las obras que dejan marca. No por lo que muestra, sino por lo que hace sentir, que es bastante más difícil. Una va a ver a una científica en un descampado y termina pensando en sus propias renuncias, en sus propias traiciones recibidas y en cuántas veces se quedó callada cuando tenía que haber gritado. A eso se le llama teatro que sirve, teatro necesario.

Mi recomendación, ya que estamos, es bien concreta: si tenés la chance, andá a ver a Victoria Baldomir los jueves a las 21.00 en NüN Teatro Bar, en Villa Crespo. Quedate hasta el último aplauso, aunque te tiemble la garganta. Y si podés, después contale a alguien lo que viste, porque Marina bien lo sabe: hay hallazgos que se hacen en el escenario y que después hay que salir a defender a la calle, con la misma tozudez con la que ella se planta frente a las estrellas. Y ahora sí, como diría un paisano chaqueño bien curtido, ñande reko (nuestra forma de ser) se construye también cuando elegimos mirar hacia arriba sin dejar que nos apaguen la luz. Hagámosle caso.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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