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Lunes, 12 de octubre de 2026
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Una semana bajo el agua en Neuquén: el pulso de una ciudad que no deja de llover

Siete días seguidos de lluvias pusieron a prueba el sistema pluvial de la capital neuquina. Recorrimos la Meseta y Valentina Norte, hablamos con vecinos que sacan agua con baldes y le pedimos al municipio que no se haga el sordo con los barrios más castigados.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · · hace 1 h
Una semana bajo el agua en Neuquén: el pulso de una ciudad que no deja de llover

Estoy acá, en la esquina de casa de Olga, en el barrio Valentina Norte, con el barro hasta los tobillos y la moto de Osvaldo cruzada en la vereda como se cruzan las cosas cuando el cielo no da tregua. Olga me sirve un mate y me cuenta que ya perdió la cuenta de cuántos días lleva el agua entrando al patio. Siete, me dice. Siete seguidos. Y la ciudad, mientras tanto, sigue girando como puede.

Porque en Neuquén capital llueve sin parar desde hace una semana. Y no es una exageración de vecino enojado: el municipio reconoce que se trata de siete jornadas consecutivas con precipitaciones de distinta intensidad, lo que movilizó un esquema de emergencia que reúne a Defensa Civil, Limpieza Urbana, Espacios Verdes, Mantenimiento Vial e Infraestructura, con cuadrillas en la calle desde el primer día de alerta.

Lo que aguanta el sistema y lo que no

El subsecretario de Medio Ambiente y Protección Ciudadana, Francisco Baggio, lo explicó con una cifra que ayuda a dimensionar el problema: la infraestructura de drenaje de la ciudad está pensada para absorber entre 15 y 20 milímetros de agua acumulada por día sin generar anegamientos graves en las zonas más pobladas. Esa capacidad se puso a prueba esta semana y, según la evaluación municipal, los resultados fueron positivos en el casco céntrico.

El termómetro de esa pulseada fue la avenida Mosconi, donde obras recientes renovaron el sistema pluvial. Las colectoras conectadas a ese corredor derivaron el agua hacia los colectores principales con rapidez, lo que evitó la acumulación habitual en el Bajo, una zona que históricamente sufría cortes de tránsito e inundaciones en los locales comerciales.

En el cruce de Chubut y Santa Cruz, en pleno corazón del Bajo, se vio el otro lado de la moneda: equipos Vactor extrayendo sedimentos y materiales de obra que habían reducido la capacidad de captación del pluvial. Tareas de desobstrucción de rejillas, limpieza de bocas de tormenta y mantenimiento de los ductos principales, que es donde la ciudad se juega que el agua se vaya a algún lado.

A dónde va a parar toda esa agua

El sistema de desagüe de Neuquén tiene dos finales: el arroyo Durán y el canal Villa María, ambos con descarga en el río Limay. Cuando el Limay sube demasiado, el municipio activa las lagunas de atenuación del barrio 127 Hectáreas, un predio de más de nueve hectáreas que absorbe el excedente para bajar el nivel del arroyo y acelerar el drenaje en los barrios del sur.

Ahora bien, hay una parte de esta historia que la avenida Mosconi no muestra. Las calles de tierra de la Meseta y de Valentina Norte no tienen cordón cuneta ni asfalto, y ahí el panorama cambia de color. El barro no deja entrar a la maquinaria pesada, así que las cuadrillas recurren a motobombas para retirar el agua estancada y garantizar el paso de los vecinos y del transporte. Las tareas de nivelación y reparación definitiva se reanudarán cuando el suelo esté firme, lo que traducido al lenguaje de Olga quiere decir: por ahora, paciencia y botas de goma.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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