Volvés al gym después de meses y no empezás de cero: la ciencia explica por qué
Un equipo de la Universidad de Illinois descubrió que músculos e hígado guardan una suerte de memoria del entrenamiento previo. Qué significa para quienes retoman la actividad tras una pausa larga, según el estudio publicado en 2025.
Te cuento esto con la tranquilidad de un domingo en la rambla de la costanera, charlando con Osvaldo, que trota todas las mañanas desde hace veinte años pero pasó los últimos seis meses encerrado arreglando un problema de salud. Cuando volvió a calzarse las zapatillas, lo primero que me dijo fue: "Rocío, siento que arranqué de nuevo, como si no hubiera hecho nada en mi vida". Le dije que la intuición le mentía, y que un grupo de investigadores de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign acaba de explicar exactamente por qué.
El trabajo, publicado en 2025 en la revista American Journal of Physiology-Cell Physiology y liderado por Diego Hernandez-Saavedra y Yi-Heng Huang, se metió en las células para responder una pregunta que cualquiera de nosotros se hace después de una licencia larga del ejercicio: ¿se pierde todo lo ganado? La respuesta corta es no, y la larga es lo realmente interesante.
Qué encontraron en los músculos
Los investigadores entrenaron ratones durante entre cuatro y ocho semanas, los dejaron un tiempo sin actividad y después los pusieron a reentrenar. Cuando los compararon con animales que nunca habían hecho ejercicio, la diferencia fue concreta: los que tenían historia previa desarrollaron fibras musculares más grandes y aprovechaban mejor la energía disponible durante el esfuerzo. Esa ventaja metabólica, detalle clave, se sostuvo incluso durante las semanas en que estaban parados.
El hígado, mientras tanto, también llevaba un registro silencioso. Un segundo trabajo, publicado en 2026 en Molecular Metabolism, detectó que en ratones y personas que retomaron el entrenamiento tras una pausa había una mayor cantidad de carboxilesterasas hepáticas, unas enzimas que se ocupan de descomponer las grasas en sangre para que el músculo las use como combustible. En criollo: el hígado aprende a colaborar mejor con el músculo, y esa coordinación no se borra del todo cuando uno deja de moverse.
- El estudio se hizo con ratones entrenados entre cuatro y ocho semanas, después inactivos y luego reentrenados.
- Los músculos con entrenamiento previo formaron fibras más grandes al volver a la actividad.
- El hígado aumentó sus carboxilesterasas, enzimas que mejoran el uso de grasa como combustible.
- Las adaptaciones se mantuvieron durante el período de inactividad, aunque no indefinidamente.
El concepto de memoria celular no es nuevo en biología. Las neuronas guardan información a través de sus conexiones, y el sistema inmunitario reconoce a los agentes que ya enfrentó. Lo que este equipo viene a sumar es que las células musculares, las del hígado, las de la piel y las del tejido adiposo también parecen archivar experiencias pasadas, aunque todavía no se sabe con precisión cuánto dura ese archivo ni cómo se conserva a nivel molecular.
La pausa no es gratis, ojo
Acá va el llamado de atención que ningún portal de noticias puede dejar de hacer, y que el propio equipo de Illinois subraya: la memoria existe, pero no es un escudo. Después de varias semanas sin actividad caen la capacidad cardiovascular, la fuerza y la respuesta del cuerpo a la insulina. Lo que el estudio muestra es que el piso desde el que se vuelve a entrenar es más alto del que uno cree, no que la pausa sea inocua.
Para los que vivimos en Buenos Aires, con un laburo que nos come, viajes, críos chicos o una lesión que nos dejó dos meses en el sillón, la conclusión es reconfortante sin ser una excusa. Tu cuerpo recuerda, pero necesita que vuelvas a moverte. Y a las autoridades municipales les dejo el pedido concreto de siempre: que multipliquen los gimnasios al aire libre en plazas y parques de todos los barrios, que mejoren la iluminación y la seguridad en las costaneras y que financien programas gratuitos de actividad física para los mayores de cuarenta, que somos los que más pausados estamos y los que más provecho le sacaríamos a esta memoria que la ciencia recién está empezando a entender.
