A cuarenta kilómetros de El Soberbio, una reserva de cara al arroyo Paraíso reúne monte, agua y restauración en Misiones
A 290 kilómetros de Iguazú, Margay propone dos o tres días de cabañas, senderos autoguiados, kayak por el arroyo Paraíso y la visita al vivero Kawsay, con la Reserva de Biosfera Yabotí como marco de conservación.
A cuarenta kilómetros de El Soberbio y a 290 de Iguazú, atravesando rutas misioneras que bordean extensiones de selva paranaense, se levanta la reserva privada Margay, un establecimiento que combina alojamiento ribereño, caminatas por el monte y navegación en kayak en una propuesta orientada a un turismo de naturaleza que prefiere la pausa y la observación por sobre el desplazamiento masivo entre atractivos.
La autora de esta nota, Patricia Zalazar, recorrió el establecimiento y reconstruye a continuación los puntos centrales de una experiencia que, según recomienda la propia dirección del lugar, se disfruta mejor a lo largo de una estadía de dos a tres días, con base en una de las cuatro cabañas instaladas sobre la ribera del arroyo Paraíso y con el monte como escenario permanente.
Equipaje, accesos y ventana de visita
El acceso a la reserva se realiza desde El Soberbio, localidad que también opera como cabecera para recorrer los Saltos de Moconá. El tramo hasta el lodge combina camino asfaltado y ripio, y forma parte del recorrido habitual de quienes llegan desde Posadas o desde Iguazú con voluntad de internarse en el corredor verde de Misiones.
Para organizar el equipaje, la propuesta exige contemplar por igual las caminatas y las actividades en el arroyo. Conviene llevar una muda de ropa para mojarse, calzado de trekking con buena suela, pantalón largo y camisa de manga larga para protegerse de la vegetación y de los insectos. También se recomienda sumar abrigo para la noche, repelente, protector solar, sombrero y anteojos de sol. Febrero y marzo son los meses sugeridos para la visita, cuando el caudal del arroyo y la vegetación se combinan de manera más favorable para las actividades al aire libre.
Alojamiento sobre el agua y cocina de raíz local
Las cuatro cabañas disponibles se disponen sobre la ribera del arroyo Paraíso, rodeadas de vegetación densa que filtra la luz y atenúa los sonidos externos. Un deck común permite desayunar o merendar frente al curso de agua y funciona como punto de encuentro entre los huéspedes. La oferta gastronómica incorpora preparaciones frescas y de base orgánica con identidad misionera, mientras que las veladas suelen transcurrir alrededor del fogón, con conversaciones sobre la cultura guaraní y pescado cocinado en hojas de banano como plato central de la experiencia nocturna.
Senderos, kayak y un vivero para la restauración
Durante el día, Margay propone un menú variado de actividades de bajo impacto. Los visitantes pueden optar por senderos autoguiados o por caminatas acompañadas por un guía profesional, quien explica las características de las plantas y los animales del monte. Otra posibilidad es recorrer el arroyo Paraíso en kayak, en tramos que permiten observar la vegetación de ribera y detenerse en distintos puntos del cauce. La visita al vivero Kawsay completa la jornada: allí se producen especies nativas destinadas a recuperar ambientes degradados y a proveer plantines para el arbolado urbano, con una capacidad actual de entre 100.000 y 200.000 plantines por año.
Kawsay no funciona como un anexo decorativo del lodge, sino como la pieza central de una propuesta que vincula al turista con el trabajo de restauración ambiental que Margay sostiene desde hace años. El establecimiento ocupa 65 hectáreas dentro del área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí, un bloque protegido de 253.000 hectáreas de selva paranaense que oficia de marco mayor para todas las acciones que se desarrollan dentro del perímetro de la reserva.
El trabajo ambiental incluye el cuidado de especies vegetales como el palo amargo y el seguimiento de fauna mediante cámaras trampa, con el objetivo declarado de reducir la presión de caza sobre el entorno. En paralelo, se desarrollan sistemas agrícolas que integran cultivos y árboles nativos con el fin de recuperar suelos degradados y aumentar la biodiversidad, en línea con los principios de la agroecología y la restauración productiva.
Estas acciones se enmarcan en el proyecto M2 por Naturaleza, una iniciativa que busca restaurar superficies de selva afectadas por actividades productivas e incendios, y que encuentra en Margay un caso testigo de cómo un emprendimiento turístico de pequeña escala puede articular conservación, producción de plantines y empleo local dentro de una de las áreas protegidas más relevantes del corredor verde de Misiones.
Una temporada recomendada para una visita distinta
Entre caminatas, tramos de remo en kayak y la recorrida por el vivero Kawsay, la visita a Margay ofrece una manera distinta de conocer la selva paranaense, alejada de las lógicas del turismo masivo y centrada en el contacto directo con el monte y el arroyo. Para quienes decidan organizar el viaje, la recomendación práctica coincide con el calendario natural de la región: febrero y marzo aparecen como la ventana más propicia para combinar caudal, vegetación templada y temperaturas aptas para las actividades al aire libre en el norte misionero.
Así, la reserva Margay se presenta como una opción concreta para el viajero que busca una estadía corta pero plena en Misiones, con El Soberbio como base logística, Iguazú como punto de llegada más extendido y los Saltos de Moconá como excursión complementaria en un mismo corredor turístico que todavía admite descubrir propuestas por fuera de los circuitos tradicionales del destino.
