Martes, 8 de septiembre de 2026
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Aftas bucales: por qué aparecen, cuándo se van solas y en qué momento conviene llamar al médico

Una guía para distinguir la llaga pasajera de la que puede estar avisando algo más. Las especialistas detallan señales de alerta, los disparadores más comunes y el rol de la alimentación en las lesiones que reaparecen.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Estoy en la plaza del barrio de Palermo, tomando un café con Marta, una vecina de toda la vida que me dice que lleva tres semanas con una lastimadura en la encía que no se le va. Mientras le explico lo que sé, pienso en cuántos de nosotros vamos tirando con una llaga en la boca durante días, semanas incluso, sin detenernos a preguntarnos si eso es normal o si el cuerpo nos está mandando un mensaje. Las aftas son de esas molestias tan comunes que suelen quedar fuera de la conversación, hasta que aparece una que no se comporta como las demás.

Qué es un afta y por qué no es lo mismo que un herpes

Las úlceras bucales, como las llaman los manuales, se forman en la cara interna de las mejillas, debajo o encima de la lengua, en las encías, en el interior de los labios o en el paladar blando. La pinta típica: un centro blanquecino, gris o amarillento, rodeado por un borde rojo. A veces avisan antes con un ardor o un hormigueo. Y un dato clave: nada que ver con el herpes labial. El herpes aparece por fuera de los labios, en forma de ampollitas, y es contagioso. El afta vive adentro de la boca y no se pega.

Los tres tamaños del problema

La mayoría se cura sola en una o dos semanas sin tratamiento. Las chiquitas y redondas son las más frecuentes y no dejan marca. Después está la variante mayor, más profunda y más dolorosa, que puede tardar hasta seis semanas en cerrar y a veces deja cicatriz. Y existe una tercera forma, compuesta por muchas ulceritas diminutas que se agrupan, que también puede extenderse en el tiempo.

Qué las dispara: desde un mordisco a una semana horrible

Los desencadenantes mejor documentados son los traumatismos en la boca: morderse la mejilla, cepillarse con demasiada fuerza, los roces de un aparato de ortodoncia o una prótesis mal puesta, una queimadura con comida caliente. Pero no todo es mecánico. El estrés, el cansancio y los cambios hormonales del ciclo menstrual o del embarazo también aparecen asociados con la aparición de aftas.

La mesa también influye

La alimentación y el estado nutricional pesan más de lo que uno cree. Faltas de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D aparecen entre los factores relacionados con lesiones que se repiten. Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas con aftas recurrentes presentaban con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina. Los autores aclararon que asociación no es causalidad y que en algunos indicadores la evidencia sigue siendo limitada.

Cuándo el cuerpo puede estar avisando algo más

Cuando las lesiones son muchas o reaparecen seguido, puede haber una condición de fondo. Entre las enfermedades asociadas aparecen celiaquía, enfermedad de Crohn, lupus, enfermedad de Behçet, artritis reactiva, infecciones virales, bacterianas o fúngicas y estados de inmunidad debilitada, incluido el VIH.

Señales para no postergar la consulta

  • Una llaga que sigue presente más de dos o tres semanas.
  • Lesiones que aparecen con una frecuencia inhabitual o en cantidades mayores a las habituales.
  • Dolor intenso que impide comer, hablar o dormir.
  • Síntomas como fiebre, decaimiento marcada o lesiones en otras partes del cuerpo.
  • Agrandamiento progresivo o cambio de aspecto de la úlcera.

Qué se puede hacer mientras tanto

Evitar alimentos muy salados, ácidos o picantes, mantener una buena higiene bucal con cepillos de cerdas suaves y revisar el ajuste de ortodoncias y prótesis son medidas razonables. Pero si la lesión no cede o se repite, la consulta con un odontólogo o con un médico clínico es el paso que no conviene seguir pateando.

Le digo a Marta que vaya al odontólogo esta semana, no en un mes. Y mientras caminamos por la costanera, no puedo evitar pensar cuántas veces minimizamos estas señales. Una afta que no se va no es un capricho del cuerpo: es un pedido de atención. Desde el municipio de Buenos Aires, le pido al Ministerio de Salud porteño que refuerce las campañas de salud bucal en los centros de atención primaria, con especial foco en la detección temprana de lesiones que no cierran. A veces, una lastimadura en la boca es la primera pista de algo mucho más grande.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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