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Boca cerró su primera incursión intercontinental con una medalla de bronce y se reencontró con el podio que el básquet argentino había perdido hace cuatro años

El conjunto que conduce Nicolás Casalánguida superó por 93-62 al RSSB Tigers de Ruanda en el partido por el tercer puesto disputado en Pekín, con Tomás Monacchi como máximo anotador y Agustín Barreiro como jugador más valorado del encuentro.

Por Tomás GalarzaDeportes · 27 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Como decía un viejo dirigente del básquet nacional, los viajes largos suelen dejar más enseñanzas que trofeos, aunque un podio siempre es un buen consuelo. Boca regresó de su primera Copa Intercontinental FIBA con la medalla de bronce colgada del cuello y, sobre todo, con la satisfacción de haber devuelto a un equipo argentino al tercer puesto de un torneo que se le había resistido a la región en los últimos años. La actuación xeneize en Pekín permitió además retomar una presencia que no se daba desde el subcampeonato de Quimsa en 2021, cuando la franquicia santafesina cayó en la final ante el Hereda San Pablo Burgos español.

Para entender la dimensión del logro hay que repasar la ruta que condujo al conjunto azul y oro hasta la capital china. Boca llegó a la competencia como ganador de la Basketball Champions League Americas 2025/26, lo que le abrió las puertas de un hexagonal que reunió a campeones de distintos continentes. En la fase previa sorteó con autoridad sus compromisos y accedió a semifinales, donde se topó con el Rytas Vilnius lituano, que lo terminó derrotando por 77 a 70. En ese cruce el equipo argentino sostuvo la ventaja durante tres cuartos, pero un último tramo adverso lo dejó sin definición y lo obligó a disputar el partido por el bronce frente al RSSB Tigers, campeón de la Basketball Africa League.

Un triunfo construido desde la primera bola

El partido por el tercer puesto tuvo un desarrollo mucho más amigable para los intereses de Boca. El primer cuarto ya mostró la tendencia, con un parcial de 26 a 18 que instaló la primera diferencia significativa. En el descanso largo la brecha se estiró hasta 52-29, y en el tramo final la máxima llegó a ser de 35 puntos. Esa distancia le permitió al entrenador Nicolás Casalánguida gestionar los minutos, rotar el plantel y darle rodaje a los juveniles Valentino Finetti y Nicholas Petri en los últimos minutos, una señal de que el objetivo deportivo excedió el resultado.

Los números del campeón moral

  • Tomás Monacchi: 15 puntos y 6 rebotes, máximo anotador del partido.
  • Leonardo Lema: 12 puntos, con una sólida actuación en la pintura.
  • Francisco Cáffaro: 12 tantos, aporte habitual del interno.
  • Agustín Barreiro: 11 puntos, 8 rebotes y 7 asistencias, con 24 de valoración, la más alta del encuentro.
  • Boca totalizó 30 asistencias contra 12 de su rival, reflejo del juego colectivo.
  • El equipo fue superior en rebotes y contó con-goleadores repartidos en toda la rotación.

Un campeón con historia reciente y un MVP reconocible

La copa finalmente quedó en manos del NBA G League United, que se consagró por primera vez tras perder las dos finales anteriores. En la definición superó por 89 a 86 al Rytas Vilnius en un partido cerrado y se quedó con el título. El alero Eric Dixon, una de las figuras del conjunto estadounidense, fue elegido jugador más valioso del torneo. El conjunto lituano, que había sido el verdugo de Boca en semifinales, terminó subcampeón y completó un podio que dejó al básquet sudamericano en el tercer escalón.

El cierre del torneo permite una reflexión inevitable sobre el hincha. Quienes siguieron al equipo desde Buenos Aires, aun sin la compañía habitual de la Bombonerita, encontraron en este plantel una mezcla atractiva de experiencia, juventud y compromiso. La medalla obtained en China no borra la espina de la semifinal perdida, pero sí ratifica un proceso que ya había dado señales en la Champions League Americas. Para Boca, que cuenta con una rica historia en el básquet de selecciones y un presente institucional que busca consolidarse en el profesionalismo, este debut intercontinental deja una huella difícil de ignorar. Para el básquet argentino en su conjunto, el bronce en Pekín significa que la región sigue siendo competitiva cuando se mide con campeones de otros continentes, y que el camino de los clubes locales hacia los primeros planos internacionales mantiene su vigencia.

TG

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