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Breaking Bad, la serie que nos enseñó que un diagnóstico puede cambiarlo todo

La ficción creada por Vince Gilligan y protagonizada por Bryan Cranston quedó primera en una selección de las 100 mejores series del siglo XXI, según la opinión de 500 figuras de la televisión. Un repaso por la historia que cambió la pantalla chica.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · 27 de septiembre de 2026 · hace 58 min

Acá estamos, otra vez frente al televisor como quien se sienta a tomar unos mates largos, y me toca contarles que Breaking Bad, esa serie que ya tiene más de quince años dando vueltas, acaba de ser consagrada como la mejor ficción del siglo XXI. Sí, la que cuenta cómo un profesor de química de Albuquerque se mete a cocinar metanfetamina después de recibir un diagnóstico de cáncer pulmonar terminal. La propuesta, desde su primer capítulo, nos planta una pregunta que no tiene respuesta fácil: qué harías vos si te dicen que te queda poco tiempo y la cuenta bancaria no te alcanza para dejar tranquilos a los tuyos.

Me permito tirarle un verso que me viene a la memoria cuando pienso en este tipo de historias corajudas, de esas que te sacuden de la silla: “Deje la ciencia bien amurallada, ya no le sirve al hombre en su sufrir”, cantaba don Ernesto Montiel en aquel clásico del chamamé que habla de los avatares de la vida. Y es que Walter White, interpretado por un Bryan Cranston que se llevó cuatro premios Emmy por ese papel, abandona la tranquilidad de la docencia para meterse en un mundo donde cada decisión lo aleja un poco más de su familia y lo acerca otro tanto a eso que podríamos llamar la perdición.

Una transformación que se cocina a fuego lento

Lo que arranca casi como una comedia negra, con ese humor ácido que te hace reír mientras te vas dando cuenta del pozo en el que se está metiendo el protagonista, se va transformando capítulo a capítulo en un relato cada vez más crudo y dramático. A lo largo de sus 62 episodios, emitidos entre 2008 y 2013, vemos cómo el profesor va dejando de ser una víctima de las circunstancias para convertirse en alguien capaz de tomar decisiones que antes le habrían resultado impensables. Esa metamorfosis, esa distancia entre el Walter del primer capítulo y el del último, es el corazón que le late a la serie.

Acompañan a Cranston un elenco que se luce de punta a punta: Aaron Paul como Jesse Pinkman, ese alumno problemático que se vuelve socio y, a la vez, el lazo de humanidad que le queda al protagonista; Anna Gunn como Skyler, la esposa que ve cómo el mundo se le desmorona; Dean Norris como Hank, el cuñado policía; y Bob Odenkirk como Saul Goodman, el abogado deslenguado que después tendría su propia serie.

  • La serie original Breaking Bad se emitió entre 2008 y 2013 y reunió 62 episodios.
  • El ranking fue elaborado con las opiniones de 500 figuras del ámbito televisivo, entre ellas los actores Elisabeth Moss, Bryan Cranston y Jason Bateman, y los creadores Damon Lindelof y Noah Hawley.
  • Better Call Saul, la precuela centrada en el personaje de Bob Odenkirk, alcanzó el puesto 27 en la misma selección.
  • El camino, la película dirigida por Vince Gilligan, cierra la historia de Jesse Pinkman interpretado por Aaron Paul.

Un universo que no deja de expandirse

Lo lindo de esta historia, che, es que no termina cuando Walter White deja de aparecer en pantalla. Tiene una continuación lógica en Better Call Saul, donde acompanhamos la transformación de Jimmy McGill en el abogado picapiedra que todos recordamos, y tiene un cierre más bien cinematográfico en El camino, esa película que le da una despedida al personaje de Jesse Pinkman, ese muchachito que se la bancó como nadie entre las balas y las traiciones.

Si todavía no la viste o si la tenés pendiente desde hace años, te la recomiendo con los ojos cerrados: agarrá los mates, sentate tranquilo y dejá que Breaking Bad te lleve de las manos por ese camino que arranca con un diagnóstico médico y termina en un lugar muy distinto. Y si ya la viste, sabé que verla de nuevo con los años encima es una experiencia completamente nueva, porque uno ya no es el mismo espectador que era cuando la descubrió.

A quien quiero recomendarle especialmente que se acerque a esta serie es a mi amigo chaqueño, que siempre me pregunta qué mirar los domingos a la tarde cuando no suena un acorde de chamamé en la radio: que se prepare, porque esta ficción tiene ese mismo pulso de nuestra música, ese ir y venir entre lo luminoso y lo sombrío, entre la risa y el desgarro. Breaking Bad, como el chamamé bien tocado, deja huella.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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