Casi la mitad de los trabajadores rechaza ofertas por la obligatoriedad de concurrir a la oficina
Un relevamiento de Bumeran con más de 3.000 participantes muestra que los costos asociados a la presencialidad pesan en la decisión y que el formato híbrido se consolida como la opción más elegida.
De acuerdo con el estudio 100% Presencialidad elaborado por el portal de empleos Bumeran, sobre una base de más de 3.000 participantes entre trabajadores y especialistas en recursos humanos, el 48 por ciento de los trabajadores encuestados rechazó en los últimos meses al menos una propuesta laboral por la exigencia de asistencia presencial. Esa proporción se compone, según el informe, por un 39 por ciento que descartó ofertas que requerían concurrir a la oficina todos los días y un 9 por ciento que desestimó puestos que demandaban cierta presencia. El resto se reparte entre un 50 por ciento que nunca rechazó una oportunidad por su modalidad y un 2 por ciento que descartó un puesto por ser enteramente remoto.
El dato resulta relevante si se lo compara con el mismo mes del año anterior, cuando las restricciones sanitarias y la puesta en marcha de esquemas a distancia todavía modificaban la dinámica de búsqueda de empleo. En esa oportunidad, según fuentes del mercado de trabajo, la disponibilidad para aceptar la presencialidad era mayor y el componente económico no aparecía con tanta fuerza entre las razones esgrimidas por los candidatos.
Los números detrás de la decisión
- El 83 por ciento de quienes prefieren esquemas remotos o híbridos destacó el ahorro en traslados como ventaja principal.
- El 73 por ciento mencionó la reducción de gastos en transporte, comidas, vestimenta y otros consumos asociados a la asistencia presencial.
- El 77 por ciento valoró compatibilizar mejor el empleo con la vida personal.
- El 63 por ciento ponderó la posibilidad de organizar sus propios horarios.
Vamos a los números. El formato híbrido concentra al 47 por ciento de los trabajadores relevados, seguido por el presencial, con un 33 por ciento, y el remoto, con un 20 por ciento. Cuando se les preguntó qué modalidad elegirían si pudieran decidir, las preferencias se modificaron: un 51 por ciento optaría por combinar hogar y oficina, un 41 por ciento trabajaría a distancia y solo un 8 por ciento asistiría todos los días a su lugar de trabajo.
Entre quienes sí prefieren la oficina, el 49 por ciento mencionó como principal ventaja el vínculo con sus compañeros y el 45 por ciento destacó las facilidades para comunicarse y trabajar en equipo. El acceso a recursos de la empresa y la separación entre empleo y vida personal reunieron un 39 por ciento de adhesiones cada uno.
El estudio también advirtió que la posibilidad de elegir no está extendida: el 73 por ciento de los encuestados indicó que la organización donde se desempeña fijó por su cuenta la modalidad vigente, sin instancia de consulta. Apenas un 7 por ciento señaló que hubo una decisión conjunta, un 11 por ciento explicó que la definición corresponde a cada equipo y un 9 por ciento afirmó que puede resolverlo individualmente.
Ante el escenario de recibir una propuesta que no coincidiera con su esquema ideal, el 64 por ciento de los consultados dijo que la rechazaría. La magnitud de esa respuesta sugiere que la modalidad de trabajo opera, en muchos casos, como un factor determinante al momento de aceptar o descartar un puesto, más allá de la compensación económica o el contenido del rol.
De cara a los próximos relevamientos, la variable clave a observar será la reacción de las empresas frente a la creciente demanda de flexibilidad: si los porcentajes de presencialidad plena se moderan, si surgen nuevos formatos intermedios o si se profundiza la brecha entre las preferencias de los trabajadores y las políticas de recursos humanos vigentes en cada organización.
