Cinco ideas que muchos repiten sobre el corazón y que un cardiólogo de Cleveland pide dejar de creer
Las enfermedades cardiovasculares se cobraron 19,8 millones de vidas en 2022, según la OMS. Un especialista repasó los errores más comunes y explicó por qué pueden costar un diagnóstico a tiempo.
Esta nota la empecé a escribir un domingo a la tarde, sentada en un banco de la costanera, mientras hablaba con Marta, una vecina del barrio de Belgrano que me contaba que hacía dos años no se hacía un chequeo de sangre. Tenía 52, se sentía bien y, según me dijo con esa seguridad que da la costumbre, el corazón era un tema para más adelante. Cuando le conté lo que había leído sobre lo que dicen los cardiólogos, se quedó callada unos segundos y después reconoció que nunca se había planteado que la presión alta o el colesterol podían estar trabajando en silencio desde mucho antes.
Esa escena me sirve para entrar en un tema que parece ajeno hasta que deja de serlo. Las enfermedades cardiovasculares causaron 19,8 millones de muertes en el mundo en 2022, casi un tercio del total global, según la Organización Mundial de la Salud. Y sin embargo, en la conversación cotidiana siguen instaladas ideas equivocadas que funcionan como barrera de entrada al consultorio. Para revisarlas, me apoyé en el cardiólogo Luke Laffin, de Cleveland Clinic, que repasó los cinco mitos más frecuentes y qué hay que hacer en cada caso.
Mujeres y hombres comparten un mismo terreno
El primer mito es tan arraigado como falso: que el corazón es un asunto de hombres. Laffin lo desmiente de manera directa. "El corazón no discrimina por sexo", sostuvo. Las mujeres cargan con factores propios: la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y ciertas complicaciones del embarazo. A eso se suma algo más cultural: sus controles suelen quedar relegados detrás del trabajo, los hijos o el cuidado de otros. La salida, dice el especialista, es conocer los propios factores de riesgo y conversarlos con el médico de cabecera, que puede derivar a cardiología si lo ve necesario.
Después de los 50, pero también mucho antes
El segundo error es pensar que el problema empieza con la edad. Las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden aparecer en personas de 20, 30 o 40 años, muchas veces sin dar señales. La predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión no espera a ninguna década. Por eso Laffin recomienda análisis de sangre y chequeos regulares incluso en adultos jóvenes, una frase que Marta escuchó como si fuera nueva y, sin embargo, lleva años repetida en los manuales.
Los antecedentes no son una sentencia
El tercer mito es de los más duros: creer que tener padres o abuelos con enfermedad cardíaca convierte al corazón propio en una causa perdida. Lo que dice la evidencia es más amable. Los antecedentes aumentan el riesgo, pero no lo vuelven inevitable. Una alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol son las cuatro patas de la prevención. Cuando los hábitos no alcanzan, existen medicamentos seguros para controlar la presión arterial y el colesterol.
“La enfermedad coronaria avanza de forma lenta y silenciosa; la hipertensión y el colesterol elevado generalmente no producen síntomas. En algunos casos, el primer indicio es un infarto o un accidente cerebrovascular.”Luke Laffin, cardiólogo de Cleveland Clinic
Sentirse bien no es un certificado de salud
El cuarto mito es el que más me preocupa y el que más me suena familiar: sentirse bien equivale a estar libre de riesgo. No es así. La hipertensión y el colesterol alto suelen trabajar sin dar aviso. El primer síntoma puede ser, directamente, un infarto. Por eso las consultas anuales con el médico de atención primaria y los análisis periódicos son la única manera razonable de seguirles el rastro antes de que se vuelva un problema grave.
El quinto mito queda a mitad de frase, pero la idea ya está
El material que estoy trabajando se corta justo cuando Laffin empieza a desarmar el quinto error, el que sostiene que el deterioro cardiovascular es algo inevitable con el paso de los años. No tengo su frase textual, así que prefiero no inventarla. Pero la lógica de los puntos anteriores alcanza para entender el hilo: muchas de las cosas que damos por sentadas sobre el corazón se pueden revisar, y revisarlas a tiempo cambia el pronóstico.
Lo que le pido al municipio
Antes de cerrar, quiero volver a la costanza y a Marta. Le recomendé que sacara turno en el centro de salud del barrio y me dijo que iba a llamar el lunes. Desde acá le pido al municipio de la Ciudad de Buenos Aires dos cosas concretas: que refuerce los turnos de cardiología en los centros de atención primaria, sobre todo para mujeres mayores de 40, y que monte una campaña barrial de controles de presión y colesterol en plazas y clubes, como se hizo en su momento con el calendario de vacunación. Si la enfermedad cardiovascular mata a una de cada tres personas en el mundo, la prevención no puede quedar librada a la buena voluntad de cada uno. Tiene que ser una política pública con presencia en el barrio, no un folleto perdido en una ventanilla.
