Cuando el estómago avisa: por qué la monotonía en la dieta y la rutina apurada pueden pasarte factura
La especialista en nutrición clínica Marcie Vaske advirtió que gases, hinchazón o cambios en las evacuaciones que se repiten merecen consulta médica. Fibra, movimiento y menos ultraprocesados son la base del cuidado diario, pero nunca reemplazan al profesional.
Una mañana más, sentada en el banco de la costanera frente al río, en La Boca, Don Pedro me contaba que ya ni se acuerda cuándo fue la última vez que comió algo distinto a un sándwich de fiambre a la noche. Hace rato que le hincha la panza, tiene gases después de cada comida y acepta todo eso como si fuera un castigo inevitable. Me dijo, casi como pidiendo permiso: «Yo creo que es la edad». Y ahí me quede pensando cuántas veces escuchamos eso, cómo naturalizamos las señales del cuerpo hasta que el cuerpo se cansa de avisar.
El material que llegue al portal esta semana me hizo ruido justamente por eso: convivimos con molestias digestivas como si fueran parte del paisaje. La especialista en nutrición clínica Marcie Vaske es clara cuando señala que gases, hinchazón, reflujo o cambios persistentes en las evacuaciones no deberían naturalizarse. Esas molestias, cuando se prolongan, piden evaluación profesional, porque pueden estar ligadas a intolerancias, a enfermedades digestivas o a alteraciones de la microbiota, entre otras causas que ningún consejo genérico puede resolver desde una pantalla.
La variedad en el plato, la primera defensa
Para el cuidado cotidiano, una de las claves está en algo tan sencillo como suena y tan difícil de sostener como es: la variedad. La fibra alimenta a parte de los microorganismos intestinales y se consigue en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales. La Organización Mundial de la Salud recomienda incluir estos grupos de alimentos y alcanzar un consumo diario de, como mínimo, 400 gramos de frutas y verduras.
- La dietista Jenna Volpe advirtió que repetir pocas comidas y abusar de ultraprocesados puede modificar la microbiota y favorecer procesos inflamatorios.
- Los alimentos fermentados pueden formar parte de una dieta variada, pero sumarlos al menú no reemplaza la consulta si las molestias regresan.
- El Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos identifica a la alimentación y a los medicamentos entre los factores que alteran la composición de los microorganismos del intestino.
En el barrio lo veo seguido: casas donde la verdura aparece una vez por semana, cuando hay plata, y el resto del mes se resuelve con fideos, pan y lo que vaya apareciendo. La fibra, en ese esquema, queda lejos. Y sin fibra diversa, los microorganismos del intestino pierden parte de su equilibrio, con lo que eso implica para la digestión, las defensas y hasta la forma en que el cuerpo obtiene energía de los alimentos.
Antibióticos, estrés y movimiento: el resto de la ecuación
Los antibióticos merecen capítulo aparte. Son necesarios frente a infecciones bacterianas cuando un profesional los indica, pero su uso innecesario puede afectar a microorganismos que cumplen funciones útiles. La recomendación sanitaria es simple y a veces se olvida: tomarlos solo con prescripción médica y completar el tratamiento tal como fue indicado, ni un día menos.
El estrés, ese compañero de la vida urbana, también pasa factura digestiva. La gastroenteróloga Asma Khapra explicó que puede alterar los movimientos que desplazan el contenido del tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal. Y acá entra el movimiento como aliado: para adultos, la OMS sugiere entre 150 y 300 minutos por semana de actividad física. Caminar por el parque, subir escaleras, dejar el auto para trayectos cortos, todo cuenta.
Cierro como empecé, mirando a Don Pedro a los ojos. Le dije lo que me dicta la nota y lo que me dicta el sentido común: nadie debería resignarse a vivir hinchado, con reflujo o con el baño volviéndose un problema. Si las molestias se repiten, la consulta con un profesional es el primer paso, no el último. Y al Municipio de la Ciudad le dejo un pedido concreto: campañas simples, en plazas y centros de salud de barrios como La Boca, para explicar con palabras claras qué es la microbiota, por qué la variedad de frutas y verduras no es un lujo y cuándo conviene ir al médico. A veces, una charla a tiempo ahorra muchos malestares a tiempo.
