Martes, 8 de septiembre de 2026
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Cuando Tarantino se obsesionó con una rareza ochentosa que casi nadie vio en el cine

Quentin Tarantino confesó que fue cinco veces a ver Fandango, la ópera prima de Kevin Reynolds con un Kevin Costner jovencísimo, en la única semana que la película duró en cartelera. Una historia de paso efímero en las salas y de culto eterno después.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Hay declaraciones de famosos que uno lee y piensa que forman parte del folklore, del sainete de Hollywood. Y después está la palabra de Quentin Tarantino, que cuando elogia algo lo hace con esa intensidad compulsiva que termina convertida en una escena de película. En una charla reciente con Vanity Fair, el director de Pulp Fiction volvió a poner en el mapa una rareza ochentosa que arrastra una leyenda bastante particular: Fandango, escrita y dirigida por Kevin Reynolds, estrenada en 1985 y protagonizada por un Kevin Costner que todavía no era Kevin Costner, el tipo recién sacado de la universidad, con el futuro todavía abierto como un camino de ripio después de la lluvia.

Cinco visitas en una semana que duró una semana

La cosa es así y suena casi a broma: Fandango estuvo en cartelera nada más que siete días, apenas una semana de exhibición en los cines norteamericanos, y en ese ratito Tarantino fue a verla cinco veces. Cinco veces. No dos, ni tres: cinco. La película, que cuenta la historia de cinco amigos que se mandan una especie de viaje de egresados por el suroeste estadounidense en 1972, mezclando las últimas dosis de juventud con la primera borrachera de adultez, recaudó en su estreno la friolera de 91 mil dólares en toda Estados Unidos. Un número que, si uno lo mira en dólares constantes de hoy, sigue siendo una ridiculez absoluta.

“Es una de las mejores óperas primas de la historia del cine. La vi cinco veces en el cine, ¡y solo estuvo en cartelera una semana.”Quentin Tarantino, en entrevista con Vanity Fair

Un esmoquin mugriento cruzando el desierto

Lo más jugoso del testimonio de Tarantino no es el número de las cinco entradas, sino el efecto que la película le produjo. Y acá aparece una frase que define, mejor que cualquier crítica académica, la alquimia que Fandango le destiló al cerebro de un pibe que por entonces soñaba con hacer cine: el director dijo que después de ver a Costner en esa película le provocaba vestirse como él, hablar como él, ponerse un traje sucio y vivir cualquier aventura. Quería, textual, ponerse un esmoquin mugriento y dormir y orinar y vomitar y beber y sudar en un coche cruzando el desierto. El joven Costner, con esa cosa medio desgarbada y medio encantadora, había convertido un saco manchado en el objeto más cool del universo, y eso a Tarantino le cambió la cabeza para siempre.

  • La ópera prima de Kevin Reynolds que Tarantino considera de las mejores de la historia del cine.
  • Un Kevin Costner jovencísimo, antes del fenómeno Bailando con lobos, en una road movie con alma de despedida.
  • Reynolds y Costner volvieron a cruzarse en Robin Hood, príncipe de los ladrones, Waterworld y la miniserie Hatfields & McCoys.
  • El compromiso con Hatfields & McCoys llevó a Costner a rechazar un papel que finalmente terminó en manos de otro actor en Django desencadenado.
  • Una película de paso efímero por las salas que con los años se ganó el corazón del público de culto.
LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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