Miércoles, 23 de septiembre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

De la nieve del Himalaya al corazón del Tíbet: la historia que cambió a Brad Pitt para siempre

La película de Jean-Jacques Annaud mezcla aventura, guerra y espiritualidad en un relato que le valió a su protagonista algo más que un papel protagónico: la prohibición de pisar China durante casi dos décadas. Acá, un repaso bien nuestro por esa historia que une montañas, amistades inesperadas y política internacional.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · 22 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Arrancamos con el primer acorde de esta nota y vaya si pega fuerte: la nieve, el hielo y una cordillera que parece dibujada por la mano de alguien con ganas de recordarles a los mortales lo chiquitos que somos. Así empieza Siete años en el Tíbet, la película de Jean-Jacques Annaud que tuvo a Brad Pitt como protagonista absoluto y que sigue dando que hablar mucho después de su estreno. Te la cuento como si estuviéramos charlando en una mesa de un bar de Corrientes, con un buen mate al lado, porque este es un tema de esos que merecen una conversación larga y tendida, de las que a uno le da gusto darse una vuelta por el cine y por la historia grande, esa que no se mide solo en minutos de metraje sino también en kilómetros de cordillera y en años de vida bien vividos o bien sufridos, según se mire.

Un alpinista que se va y ya no vuelve igual

Porque esa es la posta de este filme: vamos a ver a un tipo que se va pensando que vuelve, pero la vida le tenía preparada otra cosa, como dice aquel viejo verso de los chamameceros cuando cantan que «uno se va pa’ no volver, pero el camino lo trae de nuevo cambiado». El personaje que encarna Pitt es Heinrich Harrer, un alpinista de elite que en 1939 deja a su mujer embarazada para meterse en una expedición al Himalaya. Hasta ahí, podríamos decir, una más de esas aventuras que protagonizaban los europeos de la época, con mapas en papel y un coraje que hoy nos parece de otra galaxia. Pero la Segunda Guerra Mundial le arruina el guion: queda preso, la expedición se transforma en otra cosa, y lo que iba a ser una escalada termina siendo un aprendizaje a la fuerza.

  • El periplo de Heinrich Harrer arranca en 1939, cuando decide embarcarse en una expedición al Himalaya dejando atrás a su esposa embarazada.
  • La Segunda Guerra Mundial lo transforma todo: cae prisionero y la aventura inicial queda en pausa.
  • Logra escapar y su camino lo lleva hasta el lugar donde reside el Dalai Lama, con quien entabla una amistad que cambia el rumbo del relato.
  • La película muestra en paralelo la preparación de China para invadir el Tíbet y la transformación interior del protagonista.
  • La narración pasa de ser una aventura de montaña a convertirse en una historia sobre vínculos y cambios personales.

Ahora bien, lo que a mí me hace ruido y a la vez me llena el alma de esta película es ese encuentro entre un occidental perdido en sus propios demonios y un chico criado para ser el líder espiritual de un pueblo. Ahí la cosa cambia de registro, deja de ser solo trekking y para meterse de lleno en la amistad, en el respeto, en eso que los guaraníes llaman ñe’ẽ porã, que uno lo traduce al pasar como «buena palabra», esa forma de conversar que no lastima y que enseña sin que el otro se dé cuenta. Harrer le enseña geografía y disciplina al joven Dalai Lama, y el Dalai Lama, con esa sabiduría que a veces parece llegada de otro planeta, le enseña a Harrer a parar la pelota, a mirar para adentro, a entender que uno no es solo lo que hace sino también lo que siente. Y eso, querido lector, es de las cosas más lindas que puede ofrecer una película.

“El viaje lo transforma todo: a las montañas, al que camina y al que espera en casa.”Lautaro Maidana, en su recorrida por Siete años en el Tíbet

Pero ojo, que Siete años en el Tíbet no se queda solo en el plano íntimo, en la emoción del uno a uno. También se anima a mostrar el trasfondo político, ese que a veces duele más que un piedrazo en plena cordillera. La película retrata los movimientos de China con vistas a la invasión del Tíbet, y eso le valió dolores de cabeza bien concretos a sus hacedores. Te lo cuento rápido, porque la parte de afuera del cine también es parte de la historia: en 1997, las autoridades chinas prohibieron los estrenos de Sony en su territorio, una restricción que se mantuvo durante todo ese año. Pero la cosa no quedó ahí: a Brad Pitt y al propio Annaud les pusieron prohibiciones de ingreso al país que, en principio, iban a ser de por vida. Imaginate la situación, el actor y el director convertidos en personas non gratas por contar una historia que no le cerraba al gobierno de turno.

Igual, y esto es lo que a mí me reconcilia un poco con el mundo, las restricciones no duraron para siempre. Annaud pudo volver a pisar China en 2012, donde después filmó El último lobo, y Pitt recién logró entrar en 2014, casi dos décadas después del estreno de la película. Viste cómo es la cosa, a veces la historia termina dándole la derecha a los que se animaron a contar lo que otros querían callar. Si te copa el cine que combina aventura con transformación humana, y si te copa entender por qué una montaña puede cambiarle la cabeza a cualquiera, esta es de esas películas que vale la pena darse el tiempo de ver, o de volver a ver. Y ya que estamos, te tiro un nombre para que vayas a escuchar en vivo, porque todo se conecta: andate a ver a cualquier conjunto de chamamé de tu pueblo que se anime a tocar algo nuevo, esos músicos que mezclan la guitarra con historias de viaje y de encuentro, que de eso se trata esta nota, de gente que se va, vuelve y vuelve distinta.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

Te puede interesar