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Dulce de membrillo en carreras largas: tentador, pero no alcanza solo

Correr con un trozo de membrillo en el bolsillo parece práctico y hasta nostálgico, pero sin números ni pruebas en el entrenamiento se convierte en una apuesta. Lo que dice la ciencia sobre los carbohidratos, la hidratación y la recuperación, y por qué el dulce no puede ser la única compañía en el esfuerzo.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 27 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Me crucé a Enrique en la costanera, trotando con la campera atada en la cintura y un taper en la mano. "Llevo membrillo para los fondos largos", me dijo, como quien confiesa un truco de la abuela. La escena parece de otra época, y sin embargo abre un debate que cualquier corredor amateur conoce: ¿alcanza con un pedazo de dulce para sostener una carrera de varias horas? La respuesta corta es no. La larga, que va de abajo, es la que importa.

Carbohidratos: la cuenta que nadie quiere hacer

Para una carrera larga, los manuales de nutrición deportiva recomiendan entre 30 y 60 gramos de carbohidratos por hora, con ajustes según la tolerancia intestinal, la intensidad y el clima. La Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva y la Asociación Dietética Británica coinciden en que ese rango es una referencia, no un dogma: cada cuerpo lo digiere a su manera. El problema con el dulce de membrillo es que un trozo a ojo no garantiza esa dosis. Los geles y las barritas vienen con el dato exacto en la etiqueta; el membrillo, en cambio, depende de la receta, del punto de cocción y del tamaño del corte. Por eso, una porción elegida a ojo no equivale a un gel ni a una barrita, y planificar la estrategia sólo con el dulce es empezar a ciegas.

  • Revisar la etiqueta del dulce comercial para conocer los hidratos de carbono por porción; si es casero, calcular a partir de los ingredientes.
  • Tomar como referencia 30 a 60 gramos de carbohidratos por hora en esfuerzos de más de una hora, según tolerancia y exigencia.
  • Probar la mezcla elegida en entrenamientos largos antes de llevarla a una carrera: la fibra y las grasas del membrillo con avena y frutos secos pueden resultar pesadas mientras se corre.
  • Pensar la hidratación y los electrolitos por separado, porque el dulce no repone líquidos ni sodio.
  • Después del esfuerzo, sumar proteínas, agua y minerales a la comida de recuperación, no sólo hidratos.

El estómago también entrena

Un punto clave que muchos subestimamos: la digestión es entrenable. Una preparación rica en fibra y grasas, como un membrillo con avena y frutos secos, puede funcionar perfecto en el desayuno previo o en la merienda de recuperación, pero volverse incómoda a los veinte kilómetros. La temperatura ambiente, la intensidad del esfuerzo y hasta la cantidad de líquido que uno toma cambian la respuesta del estómago. Por eso los especialistas insisten en probar todo en los entrenamientos largos y no esperar a la competencia para descubrir que ese mix que tanto nos gustaba se nos devuelve a mitad de camino.

“El membrillo no sustituye los líquidos ni resuelve las necesidades de sodio; en sesiones prolongadas, la alimentación y la hidratación deben pensarse juntas.”Consenso de nutricionistas deportivos citado en el informe

El otro costado es la recuperación. Reponer energía después del esfuerzo es apenas una parte: según el desgaste y el tiempo hasta la próxima sesión, la comida posterior necesita proteínas, líquidos y minerales además de los carbohidratos. Un pedazo de membrillo no cubre ese combo. Puede ser un excelente compañero dentro de una estrategia mayor, pero no la estrategia entera. Y en ese punto coincide la evidencia disponible: los estudios analizados hablan de composición y actividad de los alimentos, no de rendimiento deportivo con láminas de membrillo y almendra en medio de una maratón.

A Enrique lo dejé en la costanera con su taper y su plan. Le recomendé lo que le recomiendo a cualquiera que se cruza en el barrio con la misma duda: llevar el dulce como una parte más del plan, no como el plan. Y sobre todo, probarlo antes, en el entrenamiento, con números y con la panza como termómetro. La nostalgia está buena, pero el estómago manda.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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