El Coyote se planta en los tribunales: una historia de tries, caídas y un nuevo compañero de ruta
La película que mezcla al personaje animado con Will Forte recupera el humor físico de los Looney Tunes y lo cruza con un juicio clásico. Acá te cuento qué se viene, por qué importa y a quién hay que prestarle atención.
Hay una imagen que se repite en mi memoria de pibe: el Coyote parado al borde del precipicio, mirando el fondo del cañón, sacudiéndose el polvo y volviendo a correr detrás del Correcaminos como si nada hubiera pasado. Ese primer acorde del personaje, ese 'a ver, otra vez', es el que vuelve ahora en una película de más de noventa minutos que lo saca de los cortos y lo planta en un estrado. Se llama Coyote vs. Acme, lo dirige Dave Green y tiene a Will Forte como partenaire humano en esta cruzada desopilante por hacer justicia.
Lo que me engancha de entrada es que la película no reniega del Coyote que conocemos: el que arma un planazo, compra un cañón en la tienda de Acme, prepara la rampa perfecta y termina cayendo al vacío con un 'beep beep' de fondo. Esa dinámica de try and try again, de la insistencia como motor, es el corazón del personaje desde los cortos originales. Y acá la aprovechan para estirarla a lo largo de un relato largo, con tiempo para que el público se encariñe, se ría y también se banque un par de golpes emotivos.
Un juicio con alma de cartoon
La gran apuesta de la película es mezclar dibujo animado con actores reales, algo que los Looney Tunes ya probaron en Space Jam y en Looney Tunes: De nuevo en acción, donde Michael Jordan y luego Brendan Fraser cargaban con el peso del conflicto mientras Bugs y compañía desparramaban caos. Coyote vs. Acme corre por la misma ruta pero le da la centralidad al Coyote: él es quien pone el cuerpo, el orgullo y la insistencia, y el personaje de Forte aparece como el partenaire que le da letra, lo acompaña y hasta le discute los métodos. La química entre un tipo con cara de bueno y un animal que vende la moto en Acme cada vez que puede es, a mi entender, el motor real de la historia.
- El Coyote vuelve a estar en el centro de la escena, esta vez con tiempo de pantalla de protagonista.
- La película supera los 90 minutos y combina animación con acción real de manera orgánica.
- Will Forte se luce como partenaire humano, con ese tono medio desgarbado que le sienta perfecto al ridículo coyotiano.
- El cine de juicios entra como caballito de batalla narrativo: hay un reclamo, un estrado y un rival poderoso.
- El humor físico clásico de los cortos se mantiene y se estira a secuencias más ambiciosas.
Hay algo muy nuestro, muy latinoamericano, en la terquedad del Coyote. Para los que nos criamos viendo los cortos doblados al castellano, ese bicho era casi un héroe de trabajo: le rebotaban los planes, le llovían las piedras, quedaba colgando del borde de un risco, y al rato ya estaba otra vez con el manual de instrucciones en la mano. Acá lo llevan a un terreno distinto, más adulto, y le suman el costado legal: el personaje de Forte encarna el típico abogado o personaje querellante que decide pelear contra una corporación gigante, y el Coyote se vuelve, en parte, su cliente estrella. Esa alianza desigual es la que le da aire a la película.
Por qué importa más allá de la nostalgia
A mí, que escribo de chamamé y de cultura popular, este tipo de cruce me interesa porque demuestra que los personajes animados no son reliquias de lata: pueden dialogar con problemáticas reales, como el abuso corporativo, la ley del más fuerte y la dignidad del que pierde. El Coyote siempre fue un perdedor glorioso, y verlo plantarse en un juicio a defender lo suyo tiene una carga simbólica potente. La película no se conforma con la carcajada: deja pensando, y eso, para un dibujo animado de los años cincuenta reconvertido a los dos mil, ya es bastante.
Como diría un verso de esos que cantan los conjuntos del Litoral y que siempre me vuelve a la cabeza cuando hay un protagonista así de noble: 'aguante y coraje, no te dejes caer'. Esa es, en criollo, la filosofía del Coyote, y la película la abraza sin golpes bajos. Para los que quieran ir a verla en busca de la sonrisa fácil, la van a encontrar. Para los que vayan buscando algo más, también. Si te copa el universo Looney Tunes, animate a esta vuelta del Coyote al cine grande: te vas a reír, te vas a acordar de tu infancia y, de yapa, te vas a ir con ganas de seguir intentando, que buena falta nos hace. Y si te dan ganas de seguir ruminando chamameses y proyectos culturales de acá a la China, nos encontramos en la próxima nota. Mburo (amigo, en guaraní), gracias por leer hasta acá.
