El mouse que se deja tocar el clic: Logitech G PRO X3 Superstrike, una herramienta de precisión para los que viven en la cabeza del rival
El nuevo periférico para videojuegos competitivos lleva los clics hápticos ajustables a un terreno donde cada milisegundo cuenta: te contamos qué cambia, cómo se configura y por qué puede interesarle a más de un jugador de Valorant o Counter-Strike.
Arrancamos por la primera escena, la que importa: la mano apoyada en el mouse, el índice en el botón izquierdo y la mirada clavada en la mira del AWP. Ahí, en ese instante quieto, se decide buena parte de una partida. Y es justamente ahí donde el Logitech G PRO X3 Superstrike decide meter la cuchara: no con luces ni con.botones de más, sino con la posibilidad de tocar, literally, cómo responde cada clic. Te lo cuento desde el primer acorde, porque la cosa viene con cuero y con matices.
Clic háptico, pero ajustable: la nueva cocina interna
El corazón del asunto se llama HITS, un sistema que se despide de los microinterruptores mecánicos u ópticos clásicos y los reemplaza por un sensor inductivo con respuesta háptica. Traducido a la criolla y para que nos entendamos: en lugar de un "tac" seco y siempre igual, el botón te devuelve una vibración configurable que podés dosificar desde la computadora. La idea es que cada dedo reciba una respuesta distinta según el juego, y que esa respuesta se pueda leer con la yema del índice como si fuera un pequeño redoble de chamarrita. Por eso me gusta decir, parafraseando a un viejo verso de chamamé que dice que "cada acorde tiene su porqué", que acá cada vibración también lo tiene.
- Punto de activación del clic modificable desde el software Logitech G HUB.
- Distancia de reinicio del clic también ajustable, vía la función Rapid Trigger.
- Seis intensidades de vibración háptica para elegir.
- Memoria interna en el propio mouse para guardar perfiles y usarlos sin tener el programa abierto.
Todo eso se administra desde Logitech G HUB, el programa que la marca tiene disponible para PC y Mac. Y acá viene un detalle no menor para los que llevan el mouse a torneos o a la casa del amigo: los perfiles se guardan en el propio dispositivo, así que no hace falta reinstalar ni reconfigurar cada vez que enchufás el aparato en otra computadora. Es una pequeña gran decisión que, en la práctica, ahorra tiempo y dolores de cabeza.
Conexión, sensor y batería: lo que se siente en el día a día
En el plano del día a día, el PRO X3 Superstrike ofrece dos maneras de conectarse: sin hilos, mediante la tecnología LIGHTSPEED de la propia Logitech, o con cable, por USB-C. La tasa de sondeo, esa frecuencia con la que el mouse le cuenta al equipo dónde está tu mano, llega hasta 8000 Hz. Eso sí, para sacarle el jugo a ese tope hay que tener una máquina a la altura: Logitech recomienda un procesador moderno y un monitor de 240 Hz o más. Si tu setup es más modesto, no pasa nada: el mouse funciona igual, simplemente no exprimís la velocidad máxima.
El sensor HERO 2, mientras tanto, alcanza los 44.000 DPI, una cifra que para el grueso de los jugadores queda muy lejos del uso real pero que deja tranquilo al que le gusta saber que tiene margen de sobra. Donde sí hay un salto concreto y palpable es en la batería: la marca promete hasta 135 horas de autonomía, unas 45 horas más que el PRO X2, que ya de por sí venía estirando la pulseada. Si encima tenés la alfombrilla POWERPLAY, lo dejás apoyado y se va cargando solito, casi como un mate cebado que se recalienta solo en la pava.
El diseño: 59 gramos, sin perforar y sin estridencias
En la mano, el PRO X3 Superstrike mantiene una carcasa simétrica, sin perforaciones, y se queda en 59 gramos, un peso que en la categoría competitiva entra dentro de lo esperado. La base lleva patas de PTFE para deslizarse con soltura tanto sobre tela como sobre cristal, y la caja trae unas cintas de agarre opcionales por si necesitás más fricción con los dedos.
“Cada acorde tiene su porqué, y en este mouse cada vibración también.”Viejo verso de chamamé, adaptado
