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El rencor también se aloja en el cuerpo: lo que le hace al corazón, al sueño y al sistema inmune

Guardar una ofensa por años no es solo un tema de la cabeza: la presión arterial sube, el cortisol se desregula y las defensas caen. Una mirada médica sobre lo que el cuerpo paga cuando el encono se vuelve permanente.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 d

Esta nota la empecé una mañana de sábado, sentada en un banco de la plaza Mariano Moreno, en Caballito, tomando un café con Osvaldo, un vecino jubilado que me conoce de cuando cubría las obras del Metrobús. Hablábamos de la novela de la tarde y, casi sin querer, terminamos conversando sobre otra cosa: él cargaba desde hacía más de quince años una discusión con un hermano que nunca terminó de cerrar. "Yo ya ni pienso en eso", me dijo, mientras se acomodaba la mandíbula con la mano, como si le doliera. Esa frase, repetida por miles en la Ciudad, es justo lo que la medicina empieza a mirar con atención: lo que le hace el rencor al cuerpo cuando se instala por años.

Cuando el recuerdo funciona como una amenaza viva

El encono no es la bronca del momento, esa que sube, estalla y se va. Es otra cosa: es volver una y otra vez sobre la misma ofensa, masticarla, repasarla, almacenarla. Puede durar décadas y tener origen en una traición amorosa, un despido injusto, una pelea familiar o una cuenta pendiente que nadie saldó.

Y ahí aparece el primer problema: el cuerpo no distingue entre un peligro real y un recuerdo. Para el sistema de alarma, la ofensa guardada es equivalente a una amenaza activa. Por eso se dispara la misma respuesta que si estuviéramos frente a un riesgo concreto: el corazón se acelera, la presión sube, los músculos se tensan. Si esa respuesta se repite día tras día, deja de ser una excepción y se convierte en el estado de base.

Los efectos que se acumulan con los años

  • Sistema cardiovascular: la presión arterial se eleva de forma crónica y la frecuencia cardíaca se acelera incluso en reposo, lo que aumenta el riesgo de enfermedad coronaria.
  • Eje hormonal: el cortisol, la hormona del estrés, queda elevado más tiempo del que corresponde, alterando el sueño, favoreciendo la grasa abdominal y reduciendo la sensibilidad a la insulina.
  • Sistema inmune: las defensas bajan porque están ocupadas respondingiendo a una alerta permanente, y se instala una inflamación de bajo grado vinculada a enfermedades crónicas.
  • Cuerpo tenso: el cuello, la mandíbula y la espalda acumulan rigidez que no cede con el descanso, lo que explica muchas cefaleas sin causa médica aparente.
  • Eje intestino-cerebro: el aparato digestivo se resiente, con molestias que van desde distensión hasta colon irritable, porque es especialmente sensible al estado emocional.
  • Fatiga sin causa aparente: el cansancio crónico que muchos atribuyen a los años es, en parte, el desgaste de sostener una respuesta de emergencia pensada para ser breve.

La palabra del especialista

“El cuerpo que paga la factura es siempre el propio.”Norberto Abdala, psiquiatra y especialista en psiconeuroendocrinología

Abdala aclara que no existe evidencia sólida para atribuir al rencor una enfermedad puntual, pero sí para confirmar que mantiene encendidos mecanismos perjudiciales para el organismo de forma sostenida. En criollo: no es que el rencor cause una sola patología, sino que deja al cuerpo funcionando en modo emergencia permanente, y eso, con el tiempo, desgasta cualquier sistema.

Mientras Osvaldo terminaba su café en la plaza, me dijo algo que me quedó dando vueltas: "Uno cree que perdonó, pero el cuerpo se acuerda". Tenía razón. La memoria emocional no se borra con voluntad, y por eso la medicina insiste en que el trabajo es doble: psicológico, para procesar la ofensa, y clínico, cuando los síntomas físicos ya se instalaron. Lo que le pido al Ministerio de Salud de la Ciudad es algo concreto: que los centros de salud de los barrios, sobre todo en Caballito, Flores y Parque Chacabucado, incorporen en los controles de adultos mayores una mirada activa sobre el rencor y el estrés crónico. No como una charla de autoayuda, sino como lo que es: un factor de riesgo cardiovascular y metabólico que se puede atender a tiempo. Porque a veces, antes que un remedio para la presión, lo que falta es una conversación que libere al cuerpo de una carga que lleva demasiado tiempo cargando.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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