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Filmar la cocina para que un robot aprenda a cocinar: el trabajo de una mujer en India que entrena máquinas con sus propias manos

Graba tareas domésticas con un celular sujeto a la cabeza. Le pagan por cada video aprobado, aunque buena parte de lo que filma termina en la basura. Lo que gana le cambió la relación con su propio bolsillo.

Por Camila GaunaTecnología y ciencia · 22 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Le pongo el ojo a este tema porque tiene una vuelta de tuerca que no esperaba: hay gente filmando cómo corta verduras o limpia el piso no para subirlo a una red social, sino para que un robot con inteligencia artificial aprenda a hacerlo. Sí, así de raro y así de concreto.

La protagonista se llama Divya, vive en el distrito de Karur, en India, y se convirtió en una de las personas que entrenan máquinas con sus propias acciones. Ella registra tareas cotidianas con un teléfono sujeto a la cabeza. La cámara capta todo desde su punto de vista: el movimiento de las manos, los objetos, los tiempos. Después manda el material y, si pasa el filtro, cobra.

Por qué filmar a una persona sirve para entrenar a un robot

La lógica es bastante directa: para que un robot se maneje solo en una casa necesita ejemplos reales de cómo se hacen las cosas. No le alcanza con repetir una secuencia fija de movimientos. Las cocinas y los living tienen objetos cambiados de lugar, líquidos que se derraman, mesadas distintas. Por eso los sistemas de inteligencia artificial procesan videos de personas haciendo esas tareas y los usan para aprender a adaptarse.

Lo que cobra y lo que no

Ojo con esto: filmar no es sinónimo de cobrar. Divya cuenta que cuando graba cuatro horas en un día, apenas le aprueban entre dos y dos horas y media de material. El resto queda afuera. Y hay un plus que nadie te dice de entrada: una tarea que ella hace en 30 minutos, como cortar verduras, le lleva una hora cuando la está filmando. O sea, el trabajo se estira.

  • Graba con un celular sujeto a la cabeza, desde su perspectiva.
  • Solo una parte de lo filmado termina siendo aprobado.
  • Tareas cotidianas le llevan el doble de tiempo cuando las registra.
  • El pago le permite manejar sus propios gastos sin pedirle plata a su marido.
“Si normalmente me toma 30 minutos cortar verduras, este trabajo me toma una hora cuando tengo que grabarlo en video.”Divya, vecina del distrito de Karur, India

El detalle que más me gustó del reportaje original es ese cambio de autonomía personal. Divya dice que antes le pedía plata a su esposo hasta para recargar el saldo del celular. Ahora puede hacerlo sola con lo que gana filmando. No es un dato menor: para muchas mujeres en contextos similares, ese margen propio de decisión económica vale tanto como el ingreso en sí.

¿Vale la pena? Si te interesa la inteligencia artificial y querés ver dónde empieza el entrenamiento de un robot, este caso es un buen botón de muestra. El trabajo existe, paga y deja afuera mucho material, pero muestra una cadena concreta: tareas humanas grabadas en video, robots que aprenden de esos ejemplos y, en el medio, alguien que cobra por hacer lo que ya sabe hacer en su propia casa.

CG
Camila GaunaTecnología y ciencia

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