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La final más larga: Argentina y Paraguay jugaron el clásico y ahora se juegan el oro en los penales

En el estadio Marcelo Bielsa de Rosario, el seleccionado de Placente y el de Alcaraz igualaron 0-0 durante los 90 minutos y dejaron la medalla dorada pendiente de la tanda. Paraguay terminó con diez por la expulsión de Thiago Fernández. Perú, con el bronce tras vencer 2-1 a Chile.

Por Tomás GalarzaDeportes · 25 de septiembre de 2026 · hace 1 d

Rosario fue escenario de una final que, como tantas que disputaron la Argentina y Paraguay a lo largo de los años, terminó resolviéndose más en el carácter que en el resultado. El estadio Marcelo Bielsa, esa cancha que lleva el nombre del rosarino más influyente del fútbol moderno, fue testigo del empate sin goles entre el seleccionado que conduce Diego Placente y el que dirige Antolín Alcaraz, en el partido correspondiente a la definición del fútbol masculino de los Juegos Suramericanos. La medalla dorada, entonces, quedó pendiente de la tanda de penales, un castigo cruel para un encuentro que tuvo llegadas claras para ambos lados y que recién en el tramo final mostró su costado más áspero.

Para entender el peso de lo ocurrido hay que mirar hacia atrás, porque, como decía un viejo dirigente del fútbol sudamericano, las finales entre argentinos y paraguayos nunca se ganan, se sobreviven. El historial entre ambos seleccionados en estos Juegos ya había tenido su capítulo en el Grupo B, donde Paraguay se impuso 2-1 en un partido friccionado y con varios condimentos extrafutbolísticos. Esta vez, la Albirroja volvió a incomodar al conjunto local, le discutió la pelota, le cerró los espacios y, sobre todo, le mostró que el carácter que mostró en la fase de grupos no era casualidad. La diferencia respecto de aquel primer cruce fue el resultado: el 2-1 se transformó en un 0-0 que, considerando las circunstancias, le sentó mejor a Paraguay que a la Argentina.

El desarrollo: dominio tibio, palo y diez contra once

La Argentina fue, durante buena parte del encuentro, el equipo que propuso. Manejó la pelota, intentó generar sociedades por los costados y contó con varias situaciones para desnivelar, sobre todo en el segundo tiempo. Sin embargo, una cosa es generar y otra muy distinta es convertir, y esa distancia quedó demostrada en Rosario. La más clara, sin dudas, fue un remate de Facundo Jainikoski que se estrelló contra el palo izquierdo de Leonardo Sosa, un arquero chaqueño de apellido conocido y de reflejos a la altura del partido.

Antes y después de esa jugada, la Argentina acumuló acercamientos con nombre y apellido. Ramiro Tulián, otro de los ingresos del complemento, fue determinante por la banda izquierda y construyó una sociedad interesante con el propio Jainikoski. Por el otro sector apareció la conexión entre Franco Domínguez e Ian Subiabre, aunque Sosa volvió a responder cuando el delantero definió desde el área. Paraguay, mientras tanto, esperó y golpeó: en el primer tiempo avisó con una volea de Pedro Zarza que pasó cerca, y en el complemento respondió con la sociedad que armó el propio Zarza con Junior Gamarra, cuyo remate de primera encontró bien ubicado a Máximo Leguizamón. Entre tanto ida y vuelta, lo concreto fue un 0-0 que dejó a los hinchas con la sensación de que algo faltaba y que ese algo llegaba desde el punto penal.

  • Argentina-Paraguay habían empatado en sus otros cruces relevantes de los últimos años: en el Grupo B de estos mismos Juegos, Paraguay ganó 2-1, y ahora igualaron 0-0.
  • La Albirroja terminó el partido con diez jugadores por la expulsión de Thiago Fernández, quien vio la segunda tarjeta amarilla en el tramo final.
  • Jainikoski estrelló un remate contra el palo en una de las llegadas más claras del encuentro.
  • Perú se quedó con la medalla de bronce al vencer 2-1 a Chile, en el partido previo a la final.

El camino hasta la final y la reflexión que deja

El recorrido de la Argentina hasta esta instancia tuvo más obstáculos que certezas. En la fase de grupos superó 1-0 a Uruguay, igualó 1-1 con Venezuela y accedió a la siguiente ronda por diferencia de gol, una de esas cuentas finas que muchas veces definen copas internacionales. En semifinales, el seleccionado de Placente superó a Perú con un tanto de Santiago Espíndola cerca del cierre, en un partido que también se pareció al de la final: trabajoso, peleado y resuelto por detalles. Paraguay, por su parte, llegó al encuentro decisivo tras vencer 1-0 a Chile en semis, con un equipo que mostró una solidez defensiva notable y que, además, tuvo el carácter para bancarse los últimos minutos con un futbolista menos. La imagen final, con los jugadores argentinos y paraguayos intercambiando gestos y los hinchas locales empezando a hacer cuentas para los penales, dejó una reflexión que sobrevuela a este tipo de certámenes: en el fútbol sudamericano, las finales rara vez se ganan con brillo; se ganan con oficio, y cuando el oficio no alcanza, las define el azar. La medalla dorada, en Rosario, quedó entonces pendiente de una noche que todavía no terminó.

Tomás Galarza, Deportes.

TG

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