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La soledad y el aislamiento se asociaron con menos años de vida saludable

Un relevamiento del Biobanco del Reino Unido detectó diferencias de hasta 5,8 años en la salud mental de los hombres y mostró que los hábitos saludables no alcanzan para revertir el impacto de sentirse solo.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 26 de septiembre de 2026 · hace 1 h

La de los lunes, a las siete de la tarde, en la plaza San Martín de Barracas, es una cita que Germán Corvalán no se pierde desde hace más de una década. Viene con su termo, se acomoda en el banco de siempre y espera a que aparezcan los otros tres o cuatro que completan el grupo. Charlan del calor, de los nietos, de la última noticia del barrio. A veces no dicen nada importante, y eso, dice él, es lo que cuenta: poder estar sin tener que justificar la presencia. Yo me quedo pensando en eso cada vez que aparece un estudio que pone números a algo que en estas plazas se intuye de manera bastante directa: que tener vínculos no siempre alcanza para sentirse acompañado, y que sentirse solo puede pesar más que cualquier análisis de laboratorio.

Eso fue exactamente lo que mostró una investigación reciente basada en más de 277.000 participantes del Biobanco del Reino Unido, de entre 40 y 69 años. Los siguieron durante años para estimar cuántos de esos años podían esperar vivir sin siete problemas de salud específicos: diabetes, enfermedades cardíacas, pulmonares, demencia, cáncer, depresión y ansiedad. El punto de partida para los cálculos fueron los 50 años, y la sorpresa fue que los números cambian según si se analiza la salud física o la mental, y también según el género.

Aislamiento y soledad, dos cosas distintas

El equipo de la Universidad de Tulane, que difundió los resultados en septiembre de 2026, separó dos conceptos que muchas veces se confunden. El aislamiento social es la cuestión objetiva: tener pocos contactos, interactuar poco con los demás. La soledad es otra cosa, es el malestar subjetivo por la falta de una conexión significativa. Una persona puede estar aislada y no sentirse sola si esos pocos vínculos la llenan; y al revés, alguien rodeado de gente puede experimentar esa sensación de vacío. Esa diferencia se mantuvo a lo largo de todo el análisis y fue clave para entender por qué los hábitos saludables no actuaron de la misma manera frente a ambos problemas.

Donde aparecen las diferencias

  • Salud física en mujeres con aislamiento y soledad: 2,4 años menos sin enfermedades.
  • Salud física en hombres con aislamiento y soledad: 1,7 años menos sin enfermedades.
  • Salud mental en mujeres con aislamiento y soledad: 3,7 años menos sin enfermedades.
  • Salud mental en hombres con aislamiento y soledad: 5,8 años menos sin enfermedades.

Las cifras se refieren a años libres de las enfermedades estudiadas, no directamente a años de vida perdidos, una aclaración que el investigador principal, Lu Qi, se encargó de subrayar en el comunicado de la Universidad de Tulane. En cualquier caso, la brecha de 5,8 años en la salud mental de los hombres es lo suficientemente llamativa como para que el dato no pase desapercibido.

Los hábitos ayudan, pero no alcanzan

Otro punto clave del trabajo tiene que ver con lo que se puede hacer al respecto. Los investigadores cruzaron los datos con los hábitos de los participantes y encontraron que una alimentación saludable, la actividad física regular, un buen descanso y no fumar atenuaron la pérdida de años sin enfermedades vinculada al aislamiento social. Es decir, frente a la falta objetiva de contactos, los hábitos marcan una diferencia. Pero cuando lo que estaba en juego era la soledad, es decir, la sensación subjetiva de estar solo, esos mismos hábitos no redujeron de manera significativa los riesgos. La conclusión es incómoda y a la vez bastante lógica: los hábitos cuidan el cuerpo, pero la soledad es un asunto que se resuelve con otros, no con uno mismo.

“Los hallazgos abarcan tanto la salud física como la mental, y la sensación de soledad parece tener un peso propio que no se compensa solo con buenos hábitos.”Lu Qi, investigador principal del estudio

Leo esto sentado en el banco de la plaza, con Germán ya cerca y el termo servido, y no puedo dejar de pensar que lo que dice el número es lo que él repite cada lunes sin saberlo. Se puede correr, se puede comer bien, se puede dormir las ocho horas, pero si a la noche no hay nadie a quien llamar para contarle cómo estuvo el día, algo se pierde. Y eso, según este estudio, se traduce en años de salud mental que se evaporan sin hacer ruido.

En la Ciudad de Buenos Aires, donde los centros de jubilados pierden socios por mudanza o por fallecimiento y donde cada vez más adultos mayores viven solos en departamentos que antes eran familiares, el tema deja de ser un dato de una revista científica para volverse una agenda concreta. Por eso le pido al Ministerio de Salud porteño, y por qué no a cada comuna, que ponga en marcha un relevamiento propio sobre aislamiento y soledad en mayores de 60 años, y que financie espacios barriales, en plazas como la San Martín de Barracas o en centros culturales de cada barrio, donde lo que se cuide no sea solo la glucemia sino también la conversación. Cinco años y medio de salud mental, en el caso de los hombres, es demasiado como para dejarlo en manos de la buena voluntad de un grupo de amigos que toma mate.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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