Mario Boskis, sobre los adultos mayores: "Tener un plan y gente cerca vale tanto como cuidarse del frío"
El cardiólogo repasó los hábitos que, según su mirada, sostienen una vejez más larga y más sana: vínculos, actividades y una serie de precauciones simples frente a las infecciones respiratorias que circulan en invierno.
Llego a la costanera con el grabador en mano y me cruzo con Marta, una vecina del barrio de Palermo que camina todas las tardes con su perra. Me cuenta que, a los setenta y dos, lo que más le cuesta no es el cuerpo sino la tentación de quedarse en casa mirando televisión. La escucho y pienso en lo que vino a decir el cardiólogo Mario Boskis sobre los adultos mayores: que sostener vínculos y actividades puede ser tan decisivo como cualquier pastilla para vivir más y mejor.
El sentido de tener un motivo para levantarse cada día
Boskis vinculó la longevidad con lo que él llama tener un propósito. En la charla, mencionó el concepto japonés de ikigai para nombrar esa sensación de que hay algo que justifica el esfuerzo de seguir activo. Para el médico, conservar ocupaciones, mantener amistades y no cortar la comunicación con la familia funciona como una barrera contra el aislamiento, que es uno de los factores de riesgo más subestimados en la vejez.
El especialista fue claro con un punto: la edad por sí sola no debería empujar a nadie a abandonar lo que le hace bien. Lo que manda es lo que el cuerpo de cada uno tolera. Si alguien puede seguir yendo a un taller, a un club o a la plaza con los nietos, la indicación no es dejarlo sino ver cómo se adapta la actividad al estado general de cada persona.
Por qué el invierno cambia las reglas del juego
La vida activa, advirtió Boskis, tiene que ir de la mano de precauciones concretas cuando bajan las temperaturas. En invierno conviven dos cosas que se potencian: circulan más virus respiratorios y la gente pasa más horas en ambientes cerrados. Estar en una reunión o en un colectivo con alguien que está engripado multiplica las chances de contagio. Por eso, el médico propuso varias medidas simples que cualquier adulto mayor puede sumar a la rutina.
- Usar barbijo si aparecen síntomas respiratorios para cuidar a los demás.
- Lavarse las manos al llegar a casa, al trabajo y antes de comer, por el contacto con superficies.
- Consultar al médico de cabecera qué vacunas corresponden en cada caso, en particular las de gripe, neumonía y virus sincicial respiratorio.
- Tener presente que el frío por sí solo no genera infecciones: hace falta un virus o una bacteria, aunque puede dificultar los mecanismos de defensa naturales.
Boskis agregó un detalle que suele pasar inadvertido: el frío puede reducir el movimiento de las cilias, esos filamentos diminutos que barren secreciones de las vías respiratorias. Cuando ese mecanismo se vuelve más lento, el cuerpo pierde parte de su primera barrera y los virus encuentran terreno más fácil. No significa que el frío provoque la enfermedad por sí mismo, sí significa que ayuda a que se instale.
Me voy de la costanera pensando en Marta y en los miles de adultos mayores de la ciudad que, como ella, negocian cada día entre la voluntad de salir y el cuidado personal. Si la receta de Boskis se resume en una frase, sería esta: tener un plan, gente cerca y no descuidar la consulta médica. Al municipio le dejo un pedido concreto: que refuerce la campaña de vacunación antigripal en los centros de salud barriales y que organice actividades de invierno en plazas y clubes para que ningún abuelo se quede en casa sólo porque afuera hace frío.
