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Por qué algunos recuerdos sobreviven al despertar y otros se esfuman

Una investigación seguida durante quince días encontró que la edad, la divagación mental y las características de cada noche influyen en la capacidad de recordar los sueños.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 8 de septiembre de 2026 · hace 3 h

Hay personas que abren los ojos y pueden describir, casi como si hubieran estado allí, las imágenes y las emociones de sus sueños. Otras apenas tienen una sensación imprecisa o directamente no recuerdan nada. La diferencia no parece cuestión de suerte: un estudio publicado en Communications Psychology identificó factores individuales y características del sueño dos con la facilidad para conservar esos recuerdos al despertar.

La investigación siguió durante quince días a 217 adultos sanos de entre 18 y 70 años. Cada mañana, los participantes anotaban si recordaban haber soñado y con qué nivel de detalle. El equipo también recopiló información demográfica, psicológica y datos del descanso mediante dispositivos de monitoreo y pruebas específicas.

La mente distraída también ayuda

Según los resultados, quienes tenían una actitud más atenta hacia sus sueños y una mayor tendencia a la divagación mental los recordaban con más frecuencia. La divagación mental es la inclinación a dejar que los pensamientos encadenen asociaciones espontáneas, en lugar de mantener la atención sobre un único foco.

La edad también marcó una diferencia: a medida que pasan los años cambia la facilidad con la que el contenido onírico queda retenido al despertar. No se trata solamente de tener más o menos capacidad para soñar, sino de las condiciones en las que el cerebro guarda y recupera esa experiencia durante la noche.

Otro factor fue la vulnerabilidad a la interferencia, es decir, la facilidad con la que un sueño puede ser desplazado por estímulos inmediatos. La luz, el ruido o el primer pensamiento consciente pueden aparecer antes de que el recuerdo se haya consolidado. En ese caso, la persona puede saber que soñó, pero no lograr recuperar ningún detalle. Los investigadores llaman a esa experiencia sueño blanco.

No todas las noches ofrecen el mismo acceso

El estudio también relacionó el recuerdo con la estructura del descanso. Los episodios de sueño más largos, con menor proporción de sueño profundo y una mayor presencia de fases más livianas, se vincularon con más recuerdos oníricos al despertar. Las fases superficiales parecen ofrecer condiciones más favorables para que la experiencia nocturna quede disponible, aunque los resultados no alcanzan para afirmar que modificar por cuenta propia esos patrones garantice recordar los sueños.

La conclusión práctica es clara: recordar un sueño no depende únicamente de haberlo tenido. Influyen la edad, la manera en que la mente suele desplazarse entre pensamientos, la forma en que se desarrolla cada noche y el ambiente que encontramos al despertar. Por eso, entre la luz de la mañana, el ruido cotidiano y el primer razonamiento del día, un sueño detallado puede desaparecer antes de que encontremos las palabras para conservarlo.

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Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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