Sangre azul, enredos y alguna risa: llega «Fackham Hall», la comedia que se burla de los aristócratas
La nueva producción británica dirigida por Jim O'Hanlon y con guion del humorista Jimmy Carr convierte los dramas de época al estilo de «Downton Abbey» en una sátira de enredos matrimoniales, detectives exagerados y amores cruzados entre la servidumbre y la nobleza.
Arrancamos con la escena que ya se vuelve un clásico del género: una boda que no llega a concretarse, un prometido que se queda esperando en el altar y una familia entera que contiene la respiración. Ahí nomás, en ese primer cuadro, se planta «Fackham Hall» —conocida en español como «Un muerto a la hora del té»— para desarmar con humor todas las solemnidades de las películas de caserones ingleses, faldas largas y copas de cristal. Lo que en «Downton Abbey» es drama contenido, acá se vuelve mueca, gag y juego de palabras, sin perder el gustito por el decorado impecable, los pasillos iluminados a vela y los mayordomos que parecen tallados en mármol.
Una familia en busca de un buen casamiento
La historia pone el ojo sobre los Davenport, una estirpe aristocrática que tiene una sola obsesión: arreglar matrimonios para que el apellido, la fortuna y las propiedades queden dentro del clan. El problema es que el corazón, ya se sabe, no entiende de árboles genealógicos. Poppy, la mayor de las hermanas, estaba a punto de casarse con su primo Archibald, pero ama a otro hombre de cuna mucho más baja. Cuando ese compromiso se cae, toda la presión familiar se desplaza sobre Rose, la hermana menor, interpretada por la siempre querible Thomasin McKenzie. Es el motor que empuja la trama: cada hija que se descarta es una puerta que se abre para el enredo siguiente.
Y en ese mecanismo de relojería aparece Eric Noone, un carterista de poca monta encarnado por Ben Radcliffe. Llega a la mansión con una carta que jamás entrega —y que, claro, es el MacGuffin de toda buena historia—, pero se gana un lugar entre el servicio. El romance con Rose es a la vez el motor romántico y la excusa para reírse, una vez más, de esas barreras sociales que las películas de época suelen dibujar con tanto cuidado. A su lado, Emma Laird compone a Poppy con esa mezcla de fragilidad y decisión que ya le conocimos en «Mayor of Kingstown», y Tom Felton —el inolvidable Draco Malfoy de Harry Potter— se anima acá con el papel de un prometido algo desangelado, casi un mueble de familia con corbata.
Un detective muy Poirot y un humor a la antigua
Como no podía faltar en una historia así, la sombra de Agatha Christie se pasea por los pasillos. El detective Watt, a cargo de Tom Goodman-Hill, es una caricatura deliberada de Hércules Poirot: bigotito trabajadísimo, modales de gentleman y una obsesión por el orden que choca de frente con el caos de los Davenport. Cada vez que aparece, la película toma aire para recordar que también es un misterio, aunque un misterio al que no hay que tomárselo demasiado en serio. El director Jim O'Hanlon, que ya había adaptado «Emma» en 2009, sabe perfectamente dónde poner la cámara para que la mansión respire como un personaje más, y le deja al guionista Jimmy Carr —sí, el humorista de stand up— la libertad de meter bromas que van del juego de palabras fino a la comedia física más descarnada.
El resultado es una película de 97 minutos que se deja ver sin pedirle a uno que piense demasiado, pero que tampoco insulta al espectador. Se ríe de los casamientos entre primos, de la obsesión por mantener el patrimonio dentro del clan y de esas reglas de convivencia que en las series británicas siempre parecen sagradas. La ambientación, los vestuarios y la música conservan la pompa de los dramas de época; lo que cambia es la risa de fondo, casi una carcajada cómplice. Como me dijo una vez un viejo guitarrero de Corrientes, citando un verso que se escucha en los bajos del Paraná: «El rico se ríe de su sombra, y el pobre le ríe al patrón». Algo de ese espíritu travieso, hecho con cariño y sin mala leche, es el que sobrevuela toda la película.
- Una comedia británica de 97 minutos dirigida por Jim O'Hanlon, con guion del humorista Jimmy Carr.
- Elenco encabezado por Thomasin McKenzie, Ben Radcliffe, Emma Laird, Tom Felton y Tom Goodman-Hill.
- Reúne enredos matrimoniales, romance entre clases sociales y un misterio detectivesco con un Poirot desopilante.
- Toma las convenciones de «Downton Abbey» y los dramas de época para convertirlas en situaciones absurdas.
- Disponible en cartelera y plataformas, ideal para una noche de viernes con pochoclo y manta.
Si les gusta el género, váyanse a verla con tiempo y, si pueden, después escuchen algo de Los Carabajal o de Rudi Flores, que siempre ayudan a bajar la risa con un buen chamamecito. A veces, para entender de qué se ríen los de arriba, nada mejor que poner los pies en la tierra con un acorde de acordeón y una guitarra criolla.
