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Ted Lasso aprende la lección: la cuarta temporada corrigió a tiempo el error que cometió con Nate Shelley

Alice Chilton, la nueva asistente del equipo femenino del Richmond, replica el camino del ex ayudante que se volvió villano, pero esta vez el entrenador estadounidense decide actuar antes de que la historia termine mal

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · 4 de septiembre de 2026 · hace 1 d

Arrancamos por la escena que lo cambia todo en el quinto episodio de la nueva temporada de Ted Lasso: un entrenamiento del AFC Richmond femenino donde las jugadoras, en plena charla táctica, empiezan a preguntar detalles de la vida personal del entrenador jefe. La asistente que está al lado, Alice Chilton, mira con el ceño fruncido cómo la atención se le va de las manos. Es un primer plano corto, casi íntimo, que en pantalla dura unos segundos pero en la serie pesa como una sentencia. Ahí nomás, el aviso de que algo se está rompiendo por dentro.

Para quien siguió las tres temporadas anteriores, la imagen resulta familiar. Es la misma cocina interna que terminó cocinando a Nate Shelley, el muchacho que pasó de canillita con buzo a entrenador estrella y de ahí, herido por sentirse ignorado, se convirtió en el villano más recordado de la serie. A mí, como espectador veterano, me pegó en el mismo lugar donde me había pegado verlo a Nate perdiendo los estribos. Pero hay una diferencia que la producción trabaja con paciencia: esta vez, Ted Lasso no llega tarde.

El mismo punto de partida, distinta respuesta

Alice Chilton, a quien la actriz Tanya Reynolds le pone cuerpo y voz, llega al Richmond como incorporación del cuerpo técnico femenino. Tiene currículum, tiene carácter y, sobre todo, tiene una dificultad seria para ensamblar con la cultura de equipo que el entrenador estadounidense viene predicando desde el primer capítulo de la serie. Esa filosofía del abrazo y del nosotros por sobre el yo, que en su momento funcionó para torcerle el brazo al fútbol inglés, a Chilton le empieza a quedar corta.

El material que produjo la plataforma es bastante claro al trazar el paralelo: comparten talento reconocido, comparten frustración que se va acumulando y comparten esa sensación de que el otro -en este caso Ted- reparte más mimo del que ellas reciben. Lo que empieza como incomodidad se va endureciendo hasta un punto de quiebre durante un entrenamiento, que es justamente el momento en el que el protagonista decide moverse. La serie lo cuenta sin golpes bajos, casi como una decisión de oficio.

"Ayudar a las personas ya no significa tolerar que lastimen a otras", es la idea que la producción pone en boca de Ted a la hora de explicar por qué suspende a Chilton durante un partido. Es una frase que a mí, personalmente, me sonó a aprendizaje adulto. Es el tipo de cosa que uno quisiera escuchar en un vestuario de acá a la vuelta, no en una comedia disfrazada de drama deportivo.

Una historia que todavía se está escribiendo

Hay un dato de color que la serie no esconde: Chilton arrastra un pasado áspero con Gemma, la jugadora interpretada por Abbie Hern, que en algún momento se alejó del fútbol por los comentarios ácidos de la asistente. Esa mochila pesa. El grupo lee sus reacciones con el contador de paciencia calibrado, y la tolerancia extra que se le pueda haber dado al principio ya no es la misma.

Dicho todo esto, conviene no embalarse: la temporada todavía tiene capítulos por delante y el arco de Chilton puede doblar para cualquier lado. La pregunta que me quedó dando vueltas -y que se hace también el material de base- es si la asistente podrá reencausar su vínculo con el grupo o si la grieta terminó de abrirse. Lo que ya no se discute es la intención: Ted Lasso esta vez sacó el manual antes de que el incendio se haga humo.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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