Vuelven las chicas que hacen reír en medio del desastre familiar
La segunda temporada de Such Brave Girls llegó a Filmin con seis episodios que vuelven a poner a Josie, Billie y Deb a prueba entre conflictos, amores imposibles y salud mental, con Kat Sadler, Lizzie Davidson y Louise Brealey sosteniendo la fórmula.
La puerta del departamento se abre y, como en un acorde de bandoneón medio desinflado, ahí están otra vez Deb, Billie y Josie, esa madre y esas dos hijas que en la primera entrega de Such Brave Girls ya nos habían demostrado que la comedia británica sabe sacar risa del lado más áspero de la convivencia. La segunda temporada acaba de caer en el catálogo de Filmin en España, unos catorce meses después del estreno original, y la serie vuelve sin pedir permiso: se instala en el living, revuelve los muebles y nos deja mirando cómo una familia se quiere a los tropezones.
Soy de los que creen que las mejores comedias familiares son las que no les tienen miedo al silencio incómodo después del chiste, y esta serie entra de lleno en ese terreno. Kat Sadler, que escribe y además se pone en la piel de Josie, Lizzie Davidson como Billie y Louise Brealey como Deb componen un triángulo que funciona como un motor permanentemente encendido: lo que le pasa a una termina sacudiendo a las otras dos, y casi nunca para bien.
Una boda que arranca con secuestro
El primer episodio ya marca la cancha de toda la temporada: Billie y Deb secuestran a Josie para empujarla al altar con Seb, el personaje que interpreta Freddie Meredith. La situación, que en cualquier sitcom más clásica terminaría en pastel y sonrisa, acá funciona como una radiografía de la presión que esta familia se aplica sobre sí misma. Es la manera que tiene Sadler de decirnos, sin grandilocuencias, que el afecto acá a veces viene disfrazado de atropello.
Como me suele pasar cuando escucho un chamamé de Mario Bofill, donde la letra dice más o menos que el cariño se demuestra mientras se sufre, uno advierte que en esta serie cada gesto de amor tiene su carga de deuda pendiente. No es gratuito que la autora haya volcado experiencias propias en el guion: la salud mental y el trauma no aparecen como adornos dramáticos, sino como el material con el que se construye cada gag y cada pelea.
- Josie carga con antecedentes psiquiátricos que condicionan sus decisiones y su vínculo con la madre y la hermana.
- Billie tiene sus propios conflictos sentimentales y conductuales, que la nueva temporada desarrolla con más espacio.
- Deb, la madre, sigue siendo el centro de gravedad emocional del clan, con sus ausencias presentes y sus formas de eludir los problemas.
- Las parejas de cada una funcionan como espejo y como detonante de los conflictos centrales.
El humor como forma de no caerse del todo
Lo que distingue a Such Brave Girls de otras comedias sobre familias desastrosas es su negativa a prometer reconciliaciones. Acá nadie se abraza al final del capítulo, nadie aprende la lección y nadie resuelve el entuerto con un buen llanto. La evasión de los problemas y la tensión entre las protagonistas son las que siguen empujando la historia hacia adelante, y eso, curiosamente, termina resultando más humano que cualquier cierre feliz.
Si te interesa una comedia que no esquive los temas pesados y que se anime a mezclar humor negro con mirada social, esta segunda temporada es una cita obligada. Y si te queda la duda sobre por dónde entrar, te tiro un consejo de oyente: arrancá por el primer episodio, dejate llevar por el secuestro, y después acompañame a recomendar a la propia Kat Sadler en escena, porque vale la pena escuchar de cerca a quien escribe lo que después le toca actuar con el cuerpo entero.
