Wildwood: la película artesanal que esperó 16 años para llegar al cine
La nueva producción de LAIKA reúne 231 marionetas y 136 escenarios hechos a mano. Su director, Travis Knight, aguardó más de una década para contar con las herramientas que necesitaba.
Por Lautaro Maidana, Cultura y chamamé.
La primera escena de esta historia está lejos de una pantalla: empieza con una idea que Travis Knight conoció mientras todavía trabajaba en Coraline y que, después de 16 años, llegó a los cines convertida en Wildwood. A mí me resulta difícil no detenerme en ese tiempo de espera, sobre todo cuando hablamos de una película de animación hecha con marionetas, donde cada movimiento exige paciencia y trabajo minucioso.
El estreno, ocurrido el 23 de octubre, es la apuesta más ambiciosa del estudio LAIKA. La película dura 131 minutos y, según los datos de la producción, es la más extensa y de mayor escala realizada con la técnica de animación cuadro por cuadro.
Una historia familiar dentro de una aventura fantástica
Wildwood adapta la serie de novelas del escritor Colin Meloy, de Portland, ilustrada por Carson Ellis. Knight se acercó al proyecto antes de que Meloy terminara de escribirlo y encontró allí una combinación que lo cautivó: una aventura de fantasía de gran dimensión, sostenida por un vínculo íntimo entre hermanas.
Había, además, una condición del autor: la película no podía estrenarse antes de que él terminara los libros. Pero esa no fue la única razón de la espera. Knight explicó en el Festival de Annecy que también necesitaba que el taller desarrollara los recursos técnicos capaces de llevar una historia de esa escala a la pantalla. Recién después de cinco películas del estudio sintió que el equipo estaba preparado.
Una apuesta de 100 millones de dólares
La producción contó con un presupuesto de 100 millones de dólares, 231 marionetas y 136 escenarios construidos a mano. En sus primeros días en cartelera recaudó 12 millones de dólares, todavía lejos de esa inversión. El entorno de la película confía en que la distancia se reduzca a medida que circule la recomendación entre espectadores.
En un panorama dominado por la animación digital, yo celebro que también haya lugar para una apuesta artesanal de esta magnitud. Una técnica no necesita desplazar a la otra: lo interesante, me parece, es que convivan distintas maneras de contar historias y que el público pueda elegir.
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