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Wimbledon ratifica su perfil conservador y vuelve a dejar afuera a los creadores de contenido digitales

El All England Club confirmó que no entregará credenciales especiales para influencers en su próxima edición, en una decisión que reaviva la discusión sobre el límite entre la exposición en redes y la tradición del tenis más clásico.

Por Tomás GalarzaDeportes · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 h

El All England Club volvió a moverse en el terreno de las definiciones que incomodan a parte de la industria del tenis: confirmó que no otorgará acreditaciones especiales a influencers ni a creadores de contenido digital para su próxima edición, una postura que ya estaba contenida en el reglamento del torneo y que se conoce en detalle a partir de lo publicado por el medio especializado Tennis Channel.

Reglas viejas para una era nueva

El historial del club, como decía un viejo dirigente que conocía los pasillos de Church Road, se construyó sobre la idea de que ciertas tradiciones no se negocian, y eso se nota también en el vínculo con las cámaras. Dentro del predio no se permiten aros de luz durante los partidos, el personal acreditado tiene límites precisos para grabar en buena parte de las instalaciones, está prohibido el uso de flash en juego y no se puede ingresar con palos de selfie, mientras que la filmación de los encuentros está especialmente restringida.

El uso de celulares y dispositivos electrónicos tampoco queda librado al criterio individual: la normativa indica que no pueden molestar a quienes están alrededor ni interferir con lo que sucede en cancha, y cualquier aprovechamiento comercial de imágenes o grabaciones exige autorización expresa del club, un detalle administrativo que en la práctica suele ser tan rígido como el código de vestimenta que obliga a competir casi de blanco.

El espejo del US Open y los cruces en la cancha

La decisión cobra más relieve si se la compara con lo ocurrido en el otro Grand Slam. El US Open pasó de acreditar a 54 creadores de contenido en 2025 a cerca de 100 en esta edición, con la intención declarada de ampliar la presencia del torneo en redes sociales y de acercarse a audiencias más jóvenes. El resultado no fue el esperado: durante el partido de debut de Naomi Osaka frente a Anastasia Zakharova, el juez de silla Kader Nouni debió detener el juego para pedir silencio a un grupo que grababa desde una suite, y hubo quejas adicionales por el uso de un aro de luz en las tribunas, episodio que la organización atribuyó a personas que no pertenecían al grupo de creadores acreditados, un dato que no conformó del todo a los críticos de la flexibilización.

  • Osaka reconoció que los influencers pueden contribuir al crecimiento del tenis, pero pidió mayor cuidado para no interrumpir los partidos.
  • Coco Gauff coincidió con esa postura y sumó su respaldo al reclamo de preservar la concentración de las jugadoras.
  • Jessica Pegula fue la más directa: si una grabación termina cortando el juego, ya se cruzó un límite que el circuito no debería tolerar.

La pregunta que queda abierta es si otros torneos del circuito adoptarán el criterio del All England Club o profundizarán la apuesta por los creadores de contenido pese a los inconvenientes registrados en Flushing Meadows. Wimbledon, con su código de vestimenta casi obligatorio en blanco y décadas de protocolo acumulado, mantiene la misma lógica dentro y fuera de las canchas, y vuelve a quedar como referencia para quienes defienden que la experiencia del tenis no se subordine al ritmo de las redes sociales. Para el hincha de toda la vida, esa coherencia suele ser un alivio; para los que buscan nuevas ventanas de difusión, un motivo más de debate.

TG

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