Aftas que no se van: las señales para no dejar pasar y sentarse a consultar
Una llaga en la boca suele ser algo molesto y pasajero, pero hay pistas concretas que indican cuándo conviene dejar la espera de lado y pedir turno con un profesional. Cuáles son esos indicios y qué hacer mientras tanto.
Me crucé a Estela en la Plaza San Martín, cerca de la costanera, mientras hacía cola en el puesto de jugos. Me contó que lleva dos semanas con una lastimadura en la cara interna del labio que no se le quita y que ya casi no puede ni comer un mate cocido sin arder. 'Pensé que se iba sola, como siempre, pero esta vez no', me dijo, y se acomodó el barbijo con gesto de fastidio. La escuché y me quedé pensando en cuántas veces uno posterga una consulta por eso mismo: por confiar en que el cuerpo se arregla solo.
Las aftas, esas llagas que aparecen dentro de la boca sin aviso y duelen como si fueran mucho más grandes de lo que son, son una lotería bastante frecuente: el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos estima que cerca de una cuarta parte de la población las va a tener alguna vez en la vida. No se contagian, no vienen de un virus ni de un beso, y en la mayoría de los casos se resuelven solas en una o dos semanas sin necesidad de tratamiento.
Cuándo deja de ser "una llaga más" y hay que sentarse a consultar
La Clínica Mayo marca un corte claro: si la lesión supera las dos semanas, si vuelve una y otra vez, si es grande o si aparece una nueva antes de que cicatrice la anterior, la espera se termina y empieza la consulta. También hay que pedir turno si el dolor no se controla con lo que hay en la casa, si impide comer o tomar líquidos, o si aparece fiebre.
- La llaga sigue abierta después de los quince días.
- Reaparece con frecuencia, varias veces al año.
- La lesión es de un tamaño inusual, mucho más grande de lo habitual.
- Sale una nueva antes de que la anterior haya sanado.
- El dolor es intenso y no calma con geles o enjuagues.
- Aparece fiebre junto con la llaga.
Qué puede estar detrás de las aftas que no se van
Antes de asustarse, vale la pena mirar las causas más concretas. Morderse accidentalmente, cepillarse los dientes con demasiada fuerza, el roce de un aparato de ortodoncia o de una prótesis mal puesta, y hasta el borde filoso de una muela rota pueden abrir una afta o mantenerla irritada. Los alimentos ácidos, picantes o muy salados también alargan el martirio. A veces la solución es tan simple como volver al odontólogo para que ajuste esa placa que viene molestando desde hace meses.
Cuando las llagas se repiten seguido, la Clínica Mayo señala que puede haber un piso bajo de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12. Eso no significa que haya que correr a la farmacia a comprar suplementos por cuenta propia: el profesional decide, según la historia clínica, si corresponde un análisis de sangre. Una revisión publicada en el repositorio científico PMC insiste, además, en que antes de hablar de aftas recurrentes hay que descartar otras causas, porque no todo lo que parece afta lo es.
Mientras tanto, los geles de venta libre y los enjuagues antisépticos pueden aliviar las molestias leves, según el Instituto de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos. El tratamiento apunta a calmar el dolor y acompañar la cicatrización, pero no asegura que las lesiones no vuelvan a aparecer.
Lo que le pido al municipio, en concreto
Le cuento mi situación a Estela y ella me mira como pidiendo un consejo. Yo no soy médica, pero después de escucharla y de revisar lo que dicen instituciones serias, lo que sí puedo hacer es dejar por escrito un pedido concreto al municipio: que en los centros de salud de cada barrio, desde Palermo hasta San Telmo, haya turnos odontológicos accesibles y rápidos para este tipo de consultas, y que se difunda en plazas y centros de jubilados una guía clara con las señales de alarma. Muchas veces, como le pasaba a mi vecina de la plaza, uno se queda esperando que la llaga se vaya sola cuando lo que hacía falta era un turno a tiempo.
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