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Apnea del sueño en mujeres: la pista está en el cansancio de todos los días, no siempre en los ronquidos

Dormir mal, levantarse con dolor de cabeza y arrastrar somnolencia durante el día puede ser algo más que estrés o menopausia: especialistas alertan sobre un trastorno que suele pasar inadvertido en las mujeres.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 18 de septiembre de 2026 · hace 4 h

La costanera amanece con esa bruma tibia que sólo tiene el río en marzo, y mientras camino escucho a Laura, mi vecina de toda la vida, quejarse otra vez del cansancio. Tiene 52 años, vive en La Boca, toma mate desde las seis de la mañana y todavía no entendió por qué se duerme en el colectivo de la línea 29 cuando va al centro. Anoche, otra vez, se despertó cuatro veces. A veces le duele la cabeza al abrir los ojos. A veces siente que le falta el aire. Y sin embargo, nunca roncó fuerte. Esa es, justamente, la trampa: la apnea obstructiva del sueño en mujeres suele esconderse detrás de síntomas que confundimos con el ritmo de vida, con la menopausia o, simplemente, con el insomnio.

Cuando el cuerpo avisa y nadie lo escucha

Agotamiento durante el día, dolor de cabeza matinal, dificultad para arrancar el sueño o para sostenerlo, cambios de humor, problemas de concentración: todo eso puede leerse como estrés, como una etapa, como "ser grande". Pero una revisión médica sobre el trastorno estima que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas podría estar hoy sin diagnóstico, en gran parte porque la presentación clínica no siempre es la que esperamos. La misma literatura señala que hasta un 40 por ciento de las pacientes no refiere los signos más conocidos: los ronquidos intensos y el ahogo nocturno. Es decir, la ausencia del ronquido fuerte no descarta nada.

  • Despertares repetidos durante la noche, incluso sin recordarlos.
  • Cansancio diurno persistente que no se explica por las horas en la cama.
  • Dolor de cabeza al despertar, sensación de no haber descansado.
  • Dificultad para concentrarse, irritabilidad, cambios de ánimo.
  • Sueño fragmentado, insomnio de conciliación o de mantenimiento.
  • Factores hormonales: embarazo y menopausia pueden disparar o agravar el cuadro.

Cuando una mujer llega a la consulta con esta combinación de molestias, la primera herramienta suelen ser los cuestionarios que cruzan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello. Sirven para estimar riesgo, pero tienen un sesgo conocido: identifican menos casos entre mujeres, justamente porque el cuadro no se parece al clásico del varón que ronca y se queda dormido mirando televisión. A eso se suma que algunas pruebas domiciliarias, los famosos estudios del sueño hechos en casa, pueden registrar de manera incompleta ciertas alteraciones respiratorias, sobre todo las que aparecen en la fase REM, cuando soñamos. Por eso, si el malestar sigue ahí, un resultado inicial "sin alteraciones" no siempre alcanza para cerrar el tema.

Qué hacer cuando el estudio inicial no convence

El paso siguiente es un estudio nocturno en un centro especializado, donde se monitorean la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos y las distintas fases del descanso. Lo que se busca es simple de explicar y pesado de vivir: mientras la persona duerme, la garganta reduce o bloquea de forma repetida el paso del aire, el oxígeno baja y el cuerpo responde con despertares tan breves que no se recuerdan. El problema no es sólo la noche: el trastorno se asocia con hipertensión, diabetes y enfermedades cardíacas, y todo eso forma parte de la evaluación individual.

Hay dos momentos de la vida en los que este cuadro pega más fuerte en las mujeres: el embarazo y la menopausia. Durante la gestación puede aparecer apnea o empeorar una previa, y el abordaje tiene que ser conjunto entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño. Si hay una cirugía programada, corresponde avisar al equipo médico. El tratamiento más conocido, la CPAP -esa máquina que mantiene abierta la vía respiratoria con presión de aire-, es una de las herramientas disponibles, aunque la indicación siempre la maneja el profesional que siga el caso.

Mientras cruzo la plaza con Laura y le prometo que la voy a acompañar al médico, me queda dando vueltas una sola idea: en este tipo de trastornos, el cuerpo viene gritando hace rato y nosotros seguimos mirando para otro lado. Por eso, al Municipio le pido algo concreto: que en los centros de salud de la ciudad, especialmente en los barrios donde la gente va menos al especialista -La Boca, Barracas, Villa Soldati, Nueva Pompeya-, se refuercen los turnos para estudios de sueño y se capacite al equipo de guardia para no devolver a la casa a una mujer que llega diciendo "doctor, no puedo más" sólo porque no ronca. Que el cansancio crónico deje de ser un trámite y empiece a ser una consulta.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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