Cuando el asesino habla y la cámara se queda quieta: por qué Mindhunter sigue siendo una de las series más incómodas del catálogo
A casi cinco años de su despedida, la producción de David Fincher sobre los pioneros del perfilado criminal en el FBI se mantiene como un thriller sin reemplazos en la plataforma, con dos temporadas que funcionan como un ciclo cerrado y una puesta en escena que prefiere la palabra al grito.
La primera vez que uno se sienta frente a Mindhunter entiende rápido que acá no va a pasar lo que pasa en cualquier otra serie de asesinos seriales. No hay persecuciones a toda velocidad ni balas volando por pasillos oscuros. Hay una mesa, un grabador y un tipo que cuenta con una tranquilidad espantosa lo que le hizo a su familia. Y ese primer acorde, esa primera escena, ya te avisa que el viaje va a ser por otro lado, por un costado más silencioso y por eso mismo más difícil de bancar.
De qué se trata y por qué importa
La serie, creada por David Fincher junto a Joe Penhall, se ubica a fines de los años setenta y sigue a dos agentes del FBI, Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany), que salen a recorrer Estados Unidos entrevistando a asesinos convictos con una idea bastante rara para la época: que se podía estudiar la mente de los criminales más peligrosos para anticipar los próximos casos. Los acompañan Wendy Carr (Anna Torv), una psicóloga que le pone método académico a la tarea, y el jefe Ted Gunn (Michael Cerris), siempre con el ceño fruncido desde su oficina en Quantico. Son apenas cuatro personas contra un montón de puertas cerradas y de mundos interiores que nadie quería abrir.
Lo de esta producción no es un thriller de suspenso en el sentido clásico. La tensión la generan las conversaciones. En guaraní decimos que a veces el mbopi, el silencio, dice más que la palabra: acá pasa algo parecido. La cámara se queda quieta, el silencio pesa, y el espectador termina incómodo sin saber bien en qué momento cruzó el umbral. No es gore, no hay sangre gratuita; lo que incomoda es la calma con la que Ed Kemper, el Hijo de Sam o Charles Manson reconstruyen lo que hicieron, y la manera en que los detectives los escuchan como si estuvieran aprendiendo otro idioma.
- Ed Kemper, interpretado por Cameron Britton, con esa voz de oso grande y educado que desarma.
- David Berkowitz, el Hijo de Sam, al que le dibujan una escalada de locura muy sostenida.
- Charles Manson, más inquietante por la tranquilidad que por el histrionismo.
- Jerry Brudos, Richard Speck y otros casos reales metidos con bisturí.
Por qué todavía no tiene rival
Hay algo que las dos temporadas, diecinueve capítulos en total, hacen muy bien y casi nadie repite: la construcción paciente de los personajes. La relación entre Holden, Bill y Wendy va cambiando de a poco, sin golpes de efecto, y uno termina entendiendo que cada uno carga con lo suyo, con sus zonas oscuras, con esa mezcla rara de curiosidad intelectual y de vocación por entender al otro aunque el otro sea un monstruo. La serie tiene además un rigor histórico bastante serio para un producto de streaming, y los detalles de época están cuidados hasta en la música, en los autos, en los trajes.
Después quedó esa tercera temporada que nunca se hizo, que muchos todavía esperamos y que probablemente no llegue. Aun así, el material existente funciona como un ciclo cerrado, no deja agujeros que frustren ni tampoco ata todo con un moño demasiado prolijo. Para mí es de esas series que se recomiendan sin dudar a quien quiera ver un thriller que trabaja la psicología con la misma atención que le dedica a la trama policial.
A quién se la recomiendo
Si te gustó el true crime pero querés algo que vaya más profundo, si te bancás un ritmo pausado y un par de capítulos donde no pasa casi nada en lo externo pero por dentro se mueve todo, dale sin pensarlo. Te la recomiendo especialmente si tenés paciencia para sentarte a escuchar, como quien se tira en una noche de verano a escuchar a un acordeonero de estos pagos: con respeto, con ganas, dejando que el chamamé se vaya armando solo. Y si ya la viste, contame con qué te quedaste, porque de eso se trata, de seguir sacándole punta a la conversa.
