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Cuando Fito estornuda en la costanera y por qué no hay que salir corriendo al veterinario

El adiestrador Tony Silvestre aclara que el estornudo canino casi siempre es un gesto emocional y no una señal de enfermedad. Una guía para distinguir la alegría del verdadero problema de salud, con los indicadores del lenguaje corporal que todo dueño en Palermo debería saber leer.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 15 de septiembre de 2026 · hace 2 h

A Hugo, un labrador de Boedo que cruzo cada mañana en la costanera, se le escapan tres estornudos seguidos cada vez que le tiro la pelota. La primera vez casi saco el teléfono para llamar a la guardia veterinaria. Hoy, después de hablar con el adiestrador Tony Silvestre, entendí que ese sonido es la forma que tiene Fito de decirme que está feliz. Y que salir corriendo al consultorio ante el primer estornudo es, en la enorme mayoría de los casos, una pérdida de tiempo y de plata.

Silvestre lo dice sin vueltas: cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo. La explicación tiene una lógica fisiológica que cualquiera puede entender: durante los momentos de alta excitación, como el juego, las caricias o la simple expectativa de salir a pasear, al animal se le acumula presión en las vías respiratorias y el estornudo es el mecanismo que usa para liberarla. El propio adiestrador lo define con una sonrisa: si tu perro no estornuda, significa que no te quiere.

Las señales que confirman que es alegría y no enfermedad

  • Mirada tranquila, sin opacamiento ni legañas.
  • Cola moviéndose con soltura, sin rigidez.
  • Orejas en posición natural, no echadas hacia atrás.
  • Postura corporal relajada, sin tensión.
  • Curiosidad durante el paseo y calma al cruzarse con otros perros.
  • Panza expuesta al recostarse, el gesto máximo de confianza.

También hay estornudos que responden a causas externas menores y no a un cuadro clínico: le pasa a cualquier perro al que le entra agua en las fosas nasales después de nadar en el río o de beber apurado. Eso no requiere más que un par de palmadas cariñosas en el lomo.

Cuándo sí hay que preocuparse de verdad

La alarma se enciende cuando los estornudos se vuelven frecuentes y aparecen combinados con otros indicadores: falta de apetito, decaimiento general, fatiga sin causa aparente o respiración agitada incluso en reposo. En ese escenario la consulta al veterinario deja de ser opcional. El criterio que propone Silvestre es tan simple como útil: si el estornudo aparece en un momento de alegría o de juego y el perro muestra todos los indicadores de bienestar, no hay motivo de alarma; si surge de manera repetida, sin vínculo con la emoción, y se acompaña de cualquier cambio en el comportamiento o en el hambre, hay que ir al consultorio sin demora.

Conocer el lenguaje corporal de los perros nos ahorra diagnósticos erróneos a los dueños y, sobre todo, mejora la convivencia diaria en el barrio. Por eso le pido al municipio de Palermo que impulse charlas abiertas y gratuitas en las plazas sobre tenencia responsable y lectura del cuerpo animal. Mientras tanto, la próxima vez que Fito estornude tres veces seguidas en la costanera, voy a seguir tirándole la pelota y enjoying el momento, no llamando al veterinario.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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