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Del 11-S al counter: medio siglo de controles que ya nadie cuestiona

A veinticinco años de los atentados que reconfiguraron la aviación, las medidas de seguridad en aeropuertos son parte del ritual cotidiano del viajero. Repaso de las reglas vigentes y de los tiempos que hoy conviene manejar en el aeropuerto.

Por Patricia ZalazarTurismo y ambiente · 11 de septiembre de 2026 · hace 2 h

En los Esteros del Iberá, donde el agua baja y los caminos cambian de fisonomía según la estación, aprendí algo que también sirve para cualquier aeropuerto del mundo: el que conoce el reglamento de antemano pierde menos tiempo y se ahorra disgustos. Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las reglas de seguridad que rigen en las terminales aéreas de casi todos los países son, en lo esencial, consecuencia directa de lo que ocurrió ese día, y repasarlas con calma sigue siendo la mejor manera de evitar sorpresas en el counter.

Qué cambió y por qué

El cambio más visible fue la creación de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA) en Estados Unidos, en noviembre de 2001, una agencia federal que reemplazó a las empresas privadas que hasta entonces manejaban la seguridad en los aeropuertos y que instaló un cuerpo de inspectores con autoridad propia; su modelo, con variaciones locales, se extendió luego a buena parte del mundo y explica, por ejemplo, los uniformes, los arcos detectores y la lógica de los puntos de inspección que cualquier viajero argentino encuentra hoy en Ezeiza o en Aeroparque.

Los controles que ya son rutina

  • Zapatos fuera del escáner: la exigencia nació tras el intento de un pasajero de detonar explosivos ocultos en su calzado; hoy muchos aeropuertos piden retirarlos, en varios casos solo el calzado voluminoso.
  • Líquidos, geles y aerosoles: desde 2006, cuando se desbarató un plan para usar explosivos líquidos en vuelos entre el Reino Unido y Estados Unidos, rige la norma de los 100 mililitros por envase, hasta un litro total, dentro de una bolsa plástica transparente y cerrada.
  • Electrónicos afuera: notebooks, tablets y dispositivos grandes deben salir de la mochila para pasar por el escáner por separado.
  • Objetos punzantes prohibidos en cabina: tijeras, cuchillos pequeños y cualquier elemento cortante ya no pueden llevarse en el equipaje de mano.
  • Puerta de cabina reforzada: las cabinas de pilotos se blindaron y los pasajeros no pueden acceder a ellas durante el vuelo; las tripulaciones, además, reciben entrenamiento específico para situaciones conflictivas a bordo.

Tiempos que conviene manejar hoy

Un dato práctico que muchos viajeros subestiman es que los controles más exhaustivos alargan el tiempo de paso por el aeropuerto: la recomendación general es llegar con al menos tres horas de anticipación para vuelos internacionales y dos para vuelos domésticos, y en temporada alta conviene sumar un margen extra, porque las filas en los puestos de inspección suelen ser el verdadero cuello de botella del viaje, más allá del tiempo que demande el check-in o el despacho de equipaje.

Una discusión con el discurso del turismo masivo

Frente al discurso del turismo masivo que promueve moverse rápido, sin leer letra chica y saltándose controles, la experiencia indica lo contrario: quien se toma unos minutos para revisar la normativa vigente antes de armar la valija llega al mostrador sin sorpresas, no tiene que descartar productos en la fila ni resignarse a controles secundarios que retrasan a toda la familia; la seguridad aérea, más que una molestia burocrática, es un acuerdo de convivencia entre pasajeros, tripulaciones y Estados, y respetarla es también una manera de viajar mejor.

La temporada recomendada para tomarse en serio este repaso es, justamente, la que se viene: el verano austral, cuando los aeropuertos argentinos registran sus picos de operación y cualquier error con líquidos, calzado o electrónicos se paga con minutos —a veces con horas— de demora; llegar leído al aeropuerto sigue siendo, a un cuarto de siglo del 11-S, la forma más concreta de cuidar el propio viaje.

PZ
Patricia ZalazarTurismo y ambiente

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