Hot Wheels Infinite Rush: cuando el autito de la infancia se sube a un mundo abierto
Milestone cambió las pistas cerradas por cuatro islas para correr sin reglas, coleccionar más de 150 modelos y destrozar todo a escala. Te cuento qué anda bien y qué chirría en esta vuelta de tuerca arcade de la marca de toda la vida.
Apretás el acelerador y el primer acorde lo pone el motor: un zumbido metálico que se mete en la panza antes de que la carrocería empiece a moverse. Esa es la sensación que regala Hot Wheels Infinite Rush desde el arranque, un juego que decidió sacarse de encima las pistas cerradas que durante décadas fueron el molde de la marca y tirarse de cabeza a un mundo abierto. Lo hizo Milestone, el estudio italiano que sabe cómo se pisa a fondo en un arcade de velocidad, y la propuesta tiene algo de vuelta a la infancia, de esas tardes en las que el autito de la carpeta se chocaba contra la pata de la mesa y vos lo imaginaba recorrer una ciudad entera.
Cuatro islas para perderse (y para chocar)
El mapa se reparte en cuatro zonas grandes, cada una con su personalidad. Wheelswood es la urbe con rascacielos y tránsito, un terreno ideal para meterse entre colectivos y taxis como si fueran conos de una pista virtual. Tentacle Bay, la costa, mezcla acantilados, selva y manglares en un bioma que recuerda a las vacaciones de verano pero con curvas cerradas. Gearville es la zona industrial, con naves oxidadas y dunas de desierto, el lugar donde los motores se recalientan de verdad. Y Drifty Temples, la región de inspiración oriental, con pasos de montaña y templos que son una invitación a derrapar hasta que se gaste la nitro. Las transiciones entre islas son fluidas y, como en cualquier mundo abierto que se precie, siempre hay algo para hacer del otro lado del horizonte.
Cuatro formas de pisar el acelerador
Coleccionar, tunear y romper de todo
Una maqueta interactiva para desarmar
Acá está, a mi entender, el gran acierto del juego. Casi todo el entorno se rompe. Árboles, luminarias, carteles, vehículos civiles, cercos, puestos de comida: al menor impacto reacciona el escenario como si fuera una maqueta armada con paciencia y desarmada con un golpecito. Esa fragilidad del mundo, que en otro juego sería un defecto, acá es parte del encanto, porque refuerza la idea de que estamos jugando con autitos de juguete y no con réplicas photorrealistas. Recorrer Wheelswood a 200 kilómetros por hora y ver cómo se desploman las paradas de colectivo tiene una Cat muy concreta, casi terapéutica.
Para los que gustan de la colección, el catálogo pasa los 150 vehículos, con prototipos de la propia marca y licencias de fabricantes reales. Cada ficha trae un poco de historia del modelo y un editor de pintura, rines e interiores para dejarlo a gusto. Los modos multijugador, que van de lo competitivo con ranking a lo cooperativo o directamente casual, más un editor de pistas personalizadas, le dan al título una vida útil que va más allá de las primeras horas de exploración.
Lo que chirría en la pista
No todo es derrape limpio. El juego no tiene campaña argumental, algo que en las primeras horas se disfruta porque te soltás sin obligaciones pero que con el correr de las partidas empieza a pesar, como cuando escuchás un chamamé de fondo sin letra y al rato lo extrañás. Faltan anclas narrativas, pequeñas misiones con personajes que le den contexto a tanta velocidad. En lo técnico, los 60 cuadros por segundo se mantienen estables, algo clave para un arcade de velocidad, pero hay texturas que cargan con un retardo visible y los tiempos de espera al reaparecer en la isla tras un evento rondan el minuto, lo cual corta el ritmo cuando uno quiere seguir acelerando. El sonido, eso sí, es un punto alto: el impacto metálico y plástico de cada choque tiene una satisfacción casi ASMR.
“Acá lo importante es la libertad, no la historia”Lautaro Maidana, Cultura y chamamé
Hot Wheels Infinite Rush no viene a contar un cuento. Viene a poner un mundo abierto en la palma de la mano y dejar que cada uno haga con él lo que le cante, como en una peña donde el que toca decide el ritmo. Si te criaste armando pistas con sábanas y cajas de zapatos, este juego te va a sacar una sonrisa boba en más de una curva. Si sos de los que necesitan una historia que ate todo, probablemente lo vas a dejar estacionado después del fin de semana.
A quién ir a escuchar: si te gustó la idea, sumate a la comunidad de Hot Wheels Argentina en redes, donde los coleccionistas comparten maquetas y circuitos caseros que sirven de inspiración. Y si querés probar el juego antes de comprarlo, Milestone suele habilitar demos en PlayStation, Xbox y PC con guardado que pasa a la versión completa.
