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La huerta se cuela en el jardín y cambia la rutina del patio en septiembre

Tomate, albahaca y frutillas conviven con romero, laurel y taco de reina si se planifican las sombras, el riego y el tamaño que cada planta tendrá dentro de unos años. Una recorrida por los criterios básicos para que la cosecha conviva con el paisaje sin pelearse.

Por Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad · 18 de septiembre de 2026 · hace 1 d

Me encontré con Ester en la plaza del barrio de San Telmo, mientras regaba los canteros de la esquina. Me dijo, mientras acomodaba un plantín de albahaca, que septiembre es el mes en el que la huerta deja de ser una idea y pasa a ser un problema de espacio. Y tiene razón: no alcanza con sembrar, hay que decidir antes dónde va a vivir cada cosa durante los próximos meses y, en algunos casos, los próximos años. La primavera abre una ventana corta para hacer las cosas bien, y conviene aprovecharla.

La primera decisión no es qué plantar, sino cómo usar el lugar disponible. Una huerta puede compartir terreno con el jardín ornamental y hasta formar parte de la vista desde la ventana. Para que esa combinación funcione, el diseño debe contemplar dos cosas que suelen olvidarse: el tamaño que alcanzará cada especie cuando crezca y los huecos que van a quedar libres para conectar una zona con otra. Si no se piensa hoy, en dos meses el romero tapa el camino y el tomate queda en sombras.

Plantas que duran y plantas que se renuevan

Una manera práctica de organizar la huerta es mezclar vegetación que permanece varios años con cultivos de temporada. El romero, el tomillo, el orégano y el laurel comestible le dan continuidad al conjunto: están todo el año y requieren poco mantenimiento. Entre las opciones de siembra de septiembre aparecen el tomate, la albahaca, la berenjena, la lechuga y el pepino. La posibilidad de incorporar semillas o plantines permite armar una huerta con las dos alternativas y cubrir los distintos rincones del patio.

  • Ubicación con al menos medio día de sol directo, preferentemente orientado al norte.
  • Toma de agua cerca, porque en primavera y verano aumenta la evaporación y la transpiración.
  • Distribución de alturas, formas y colores para que nada tape a nada cuando crezca.
  • Cobertura con red en el sector de frutillas para protegerlas de los pájaros.
  • Suelo enriquecido con compost y humus de lombriz, ya sea en tierra o en macetas.

La ubicación condiciona todo lo demás. Las verduras y las aromáticas piden al menos medio día de exposición solar directa, y en la Argentina identificar el norte ayuda a reconocer el sector con mayor asoleamiento. También resulta clave tener una canilla cerca: durante la primavera y el verano la evaporación se dispara, y si el agua queda lejos, el riego se vuelve una molestia y termina siendo la primera tarea que se abandona.

Comida entre las flores, pero con cuidados

Cuando la huerta se mezcla con el jardín aparecen dilemas nuevos. Un laurel comestible puede armar un cerco verde y ocultar lo que no queremos mirar, como el tender de la ropa o el medidor de gas. Sobre un alambrado o una reja, el taco de reina aporta flores amarillas, anaranjadas o rojizas y le da color al perímetro. También hay que anticipar qué cultivos van a necesitar protección: las frutillas suelen requerir una red contra los pájaros, y conviene ubicarlas fuera del primer plano para que la cobertura no rompa la estética del conjunto.

El punto más delicado, y el que Ester me repitió varias veces, es que en una huerta mixta no se puede usar cualquier producto. Los fitosanitarios que se apliquen en todo el sector deben estar aprobados para cultivos comestibles, incluso cuando se rocíen sobre las plantas ornamentales cercanas, porque la deriva del viento puede arrastrar el producto hacia lo que después termina en la mesa. Es un detalle que parece menor y que puede arruinar una temporada entera.

Al gobierno de la Ciudad le pido algo concreto: que los centros de jardinería municipales y las ferias barriales ofrezcan, durante septiembre, asesoramiento gratuito para quienes quieran combinar huerta y jardín en veredas, balcones y patios. Con un par de tardes de charla alcanza para evitar los errores más comunes y para que la primavera no se transforme, como le pasó a Ester el año pasado, en un mar de plantas que no entran en el lugar.

RA
Rocío AyalaSociedad y vida en la ciudad

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