Levantarse de la silla un rato no es un capricho: ayuda a pensar mejor al volver a la pantalla
Una investigación internacional reunió 25 ensayos clínicos y detectó mejoras en la atención y la memoria tras pausas de movimiento de apenas dos minutos. La modesta magnitud del hallazgo no le quita utilidad: rompe la parálisis sedentaria de oficinistas y alumnos.
Vivo en San Telmo hace años y cada mañana, cuando bajo por la calle Defensa rumbo al portal, me cruzo con Don Eduardo, que atiende un kiosco de diarios. Hace un tiempo le cambió la cara: ya no aguanta ocho horas sentado detrás del mostrador sin moverse. Me contó que cada hora se levanta, da una vuelta a la manzana y vuelve. "Vuelvo con la cabeza ordenada", me dijo, sin sospechar que un equipo internacional iba a darle la razón con números.
Una revisión que reunió a 1.115 participantes de entre 8 y 78 años detectó que intercalar pausas breves de movimiento durante la jornada sedentaria produce mejoras pequeñas pero reales en varias capacidades mentales al retomar las tareas. El trabajo fue encabezado por Yongming Li y reúne 25 ensayos clínicos.
Qué se probó y qué resultados se midieron
- Las pausas duraron entre uno y diez minutos, con casos de apenas dos minutos cada media hora o cada hora.
- Las actividades incluyeron caminar, estiramientos, yoga, subir escaleras, pedalear en bicicleta fija, ejercicios de resistencia y rutinas más intensas como correr sin desplazarse o saltar.
- Las capacidades evaluadas fueron atención sostenida, flexibilidad para cambiar de consigna, control de respuestas impulsivas y memoria de trabajo.
- La magnitud promedio de la mejora fue de 0,24 en la medida estadística usada, donde 0,2 se considera un efecto pequeño.
- El beneficio fue mayor cuando las rutinas se sostuvieron varias semanas y se aplicaron en ámbitos escolares o laborales.
Para los oficinistas de Microcentro, los administrativos del Bajo Flores o los estudiantes del Abasto, el dato más práctico es el de la frecuencia: las pausas separadas por una hora mostraron una ventaja ligeramente mayor que las realizadas cada thirty minutos, aunque la diferencia entre ambos esquemas fue reducida. Mark Hamer, investigador del University College London, destacó la posibilidad de incorporar movimientos sencillos en las aulas antes de continuar una lección, sin necesidad de equipamiento deportivo.
Por qué podría funcionar
Mike Trott, de la Universidad de Queensland, señaló como hipótesis la liberación de dopamina y noradrenalina tras el movimiento, junto con un mayor flujo sanguíneo al cerebro. Hamer consideró razonables las conclusiones, aunque pidió cautela al interpretar un promedio que reúne edades y etapas cognitivas tan distintas, desde chicos de primaria hasta adultos mayores.
Lo importante es entender que estas pausas no reemplazan las recomendaciones generales de actividad física, sino que las complementan en medio del horario laboral o escolar. Es la diferencia entre el corredor que sale a las siete de la mañana y el oficinista que se sienta nueve horas seguidas: para ese segundo perfil, los dos minutos por hora son un salvavidas.
Al Municipio le pido algo concreto: que impulse pausas activas de dos minutos por hora en las oficinas públicas de la calle Uruguay y que sume módulos de movimiento breve en las escuelas primarias de Barracas y Parque Patricios. No hace falta comprar pesas ni reformar gimnasios. Hace falta, como me enseñó Don Eduardo, levantarse de la silla.
