Miércoles, 9 de septiembre de 2026
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Teeto, un plataformas de otra era que apuesta a mirar antes que a saltar

El estudio neozelandés Eat Pant Games recupera la estética y la cadencia de los juegos de 64 bits con un título que pone la exploración y la mecánica de absorción de elementos en el centro de la experiencia.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 d

Me imagino la pantalla encendiéndose con ese chirrido cálido de la consola arrancando, y una masa azul con cara de buenoapareciendo en medio de un mundo que parece dibujado a mano. Así arranca Teeto, el plataformas en tercera persona que el estudio Eat Pant Games, con sede en Nueva Zelanda, presentó hace pocas semanas y que ya se siente como un reencuentro con esa manera de jugar que teníamos cuando éramos pibes y no había tutorial que nos explicara todo.

La propuesta arranca con una premisa bien sencilla, casi como las historietas que nos contaba un abuelo antes de dormir: Teeto, una masa azul simpática, y su compañera Nory, una coneja, tienen que recorrer 24 niveles repartidos en cuatro actos para enfrentar una corrupción de sombras que está invadiendo su mundo. Pero lo que parece un plataformas de los de siempre esconde un truco que lo vuelve otra cosa, algo así como esa vuelta de tuerca que le da sentido a todo el chamame: Teeto puede absorber objetos del escenario, ya sean rocas, fuego o lo que tenga a mano, y al hacerlo su cuerpo se transforma para ganar habilidades nuevas.

Absorber para mutar, esa es la clave

Esa mecánica central, que los propios desarrolladores llaman de mutación, es el corazón del juego y lo separa de otros títulos del género. En lugar de saltar de plataforma en plataforma como si fuera una coreografía ya aprendida, lo que el juego te pide es algo muy nuestro, muy de la charla pausada junto al río: que mires, que observes, que veas qué elemento del entorno te conviene meter adentro del cuerpo para resolver cada situación. Si hay fuego cerca, tal vez convenga tragárselo para atravesar una zona caliente; si la cosa se pone pesada, una roca puede darte la masa suficiente para abrirte paso.

  • 24 niveles repartidos en cuatro actos, con un arco narrativo que sigue a Teeto y a Nory frente a una corrupción de sombras.
  • Cooperativo local con pantalla dividida, ideal para jugar de a dos en el sillón de casa.
  • Movimiento con doble salto y planeo, pensado para navegar los escenarios con precisión.
  • Jefes que también se resuelven usando la mecánica de absorción, lo que le da coherencia al sistema.
  • Curva de dificultad amable, pensada para que cualquiera pueda terminarlo sin frustrarse.

El movimiento se apoya en dobles saltos y planeos que permiten cruzar los desafios con una precision que se siente fluida, casi como dejarse llevar por la corriente de un río conocido. Y hay algo que me gusta mucho y quiero destacar: la mecánica de absorción también aparece en los enfrentamientos contra los jefes, lo que le da una coherencia interna al diseño que muchos juegos olvidan. No es que te den un poder nuevo para una sola pantalla y después desaparezca; acá lo que aprendés en el escenario te sirve para el mano a mano con el villano de turno.

Ahora bien, ojo con una cosa que los propios creadores reconocen: la curva de dificultad es deliberadamente amable, accesible, pensada para que cualquier jugador pueda llegar al final sin enojarse con el control. Eso para mí es un mimo, como esos chamamés suaves que te acarician el oído en vez de sacudirte, pero hay que decirlo con todas las letras: si sos de los que ya masticaron decenas de plataformas y querés que el género te exija con todo, capaz Teeto te queda corto en ese aspecto. La exploración pausada, los coleccionables escondidos en cada rincón y las criaturas para rescatar recompensan al que se toma su tiempo, no al que corre sin mirar.

El espíritu de los 64 bits, vivo y con onda

Lo que más me enganchó, y se lo quiero contar a quien esté leyendo, es que Teeto respira ese espíritu de los años 90 que muchos buscamos cuando encendemos la consola: el de los mundos que parecian dibujados con cariño, los controles que no te castigaban por probar y la alegria de descubrir un coleccionable escondido en una esquina. El cooperativo local con pantalla dividida refuerza ese perfil social, de jugar con un amigo al lado, en el mismo sillón, comentando cada hallazgo. Los niveles, los rompecabezas ambientales y los secretos funcionan igual de bien en companía, y eso hoy es casi un hallazgo. Si te copa la idea, te lo recomiendo sin dudar: es de esos juegos para tomar un mate, bajar un cambio y dejar que el mundo se despliegue con paciencia.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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