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Brunold alzó su primer Challenger en Tulln y transformó la premiación en un gesto de visibilidad para la comunidad LGTBQ+

El suizo venció al brasileño Joao Lucas Reis da Silva por 6-4 y 6-3 y, al recibir el trofeo, le dedicó el título a su rival con un discurso que se volvió viral. Ambos se erigieron como modelos dentro del circuito.

Por Tomás GalarzaDeportes · 14 de septiembre de 2026 · hace 2 h

En una semana donde el tenis profesional suele refugiarse en estadísticas y declaraciones medidas, el Challenger de Tulln, una pequeña ciudad austríaca con tradición tenística, le devolvió a la gira una postal que hacía tiempo no se veía: dos rivales que se habían cruzado durante una semana entera convertidos, en la ceremonia de premiación, en voceros de una conversación que el circuito rara vez protagoniza de manera tan directa. El suizo Mika Brunold, ubicado en el puesto 257 del ranking mundial, se consagró campeón tras imponerse en la final sobre el brasileño Joao Lucas Reis da Silva (341°) por 6-4 y 6-3, en una hora y media de juego que tuvo más fricciones de las que sugiere el resultado.

Una consagración con condimentos inesperados

El primer set se resolvió con un quiebre a favor de Brunold, alcanzado en el noveno game, que le permitió cerrar por 6-4. En el segundo, el brasileño mejoró con el saque y respondió con más profundidad, pero el europeo sostuvo el servicio con solidez y volvió a quebrar en el sexto juego para encaminar el 6-3 definitivo. El encuentro tuvo ritmo irregular, con largos intercambios desde el fondo y algunas apariciones en la red por parte del europeo, que terminó siendo más firme en los puntos decisivos.

El discurso que cambió el tono de la jornada

Cuando Brunold recibió el trofeo, dejó de lado el libreto habitual de los campeones y se dirigió, mirándolo, hacia Reis da Silva. Eligió palabras que recorrieron el mundo en cuestión de horas: "Quiero agradecerte. Un año después de tu salida, hice la mía. Sos una gran inspiración para mí y estoy muy orgulloso de nosotros. Podemos ser modelos para tantas personas que luchan por su sexualidad. Muchas gracias y mucha suerte para tu futuro". El brasileño, visiblemente emocionado, recibió el mensaje con una sonrisa que condensa meses, tal vez años, de tensiones internas dentro de un deporte todavía atravesado por códigos antiguos.

“Es increíble. Fue una pelea dura, me lo puso muy difícil. Estoy muy contento con cómo encontré soluciones y cómo luché. Es indescriptible.”Mika Brunold

El brasileño, por su parte, también se tomó un momento para poner las cosas en perspectiva: "Ha sido una semana muy positiva. No siempre he podido alcanzar este nivel en los últimos meses, así que estoy muy contento de haber llegado a la final". Y, en un gesto de deportividad que excede lo meramente deportivo, agregó: "Mika jugó un tenis increíble".

  • El historial entre ambos en el circuito profesional sigue siendo muy corto, ya que se trata de dos tenistas en las primeras etapas de sus carreras, pero el cruce en Tulln quedará registrado como el primero con final incluida.
  • Brunold venía de una temporada en la que había mostrado progresión en challenger europeos, sin haber alcanzado hasta ahora una definición; la de Tulln fue su primera final y su primer título en la categoría.
  • Reis da Silva atraviesa un proceso de regreso al mejor nivel tras un 2024 complicado por lesiones y por el costo emocional de su salida del armario, que él mismo hizo pública en redes sociales.

Más que un trofeo

En el tenis, como decía un viejo dirigente, los títulos se miden por lo que suman al currículum y por lo que enseñan al que los gana. Para Brunold, el de Tulln es la primera línea de un palmarés que empezaba a pedir aire; para Reis da Silva, llegar a esa definición después de un año difícil ya fue una señal de que el camino sigue en pie. Lo que ninguno de los dos podía anticipar era que la jornada quedaría marcada por algo que excede a los puntos ganados o perdidos. Como tantas veces ocurre con los gestos que nacen en canchas menores, la voz de un jugador que apenas comienza puede escucharse mejor que la de una estrella consagrada. Y si algo dejó claro la ceremonia en Tulln es que los grandes cambios de conversación suelen empezar en los lugares menos esperados, de la mano de quienes todavía no tienen nada que perder. Al hincha, ese que sigue el tenis más allá de los nombres de cartel, le queda la sensación de que esta vez el circuito le devolvió algo más que un campeón: le devolvió una historia para contar.

TG

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