De Drácula a Castlevania: un viaje por las series que le devolvieron la vida (y la sed) a los vampiros
Recorrido por las ficciones televisivas que llevan a los vampiros del terror gótico a la comedia, el anime y las artes marciales, con sus creadores, elencos y el ADN literario que las sostiene.
A los vampiros los podemos mirar de muchas maneras en la pantalla chica, y eso es justamente lo que vuelve tan rica la oferta actual: porque atrás de colmillos y capas hay quien quiere asustarnos, quien quiere hacernos reír y quien, de plano, prefiere dibujarnos un combate con espadas que dure toda la noche. Yo me propongo acá meterme de lleno en ese universo, contarles qué tienen en común y en qué se diferencian estas series, y de paso recomendarles por dónde arrancar si todavía no se engancharon con ninguna.
La comedia que les sacó el polvo a los siglos
Si lo que buscan es arrancar con una sonrisa, Lo que hacemos en las sombras es la puerta de entrada ideal. La serie nace de la película del mismo nombre que firmaron Jemaine Clement y Taika Waititi, esos dos neozelandeses que entienden el humor como nadie, y traslada a la televisión las peleas de egos de unos vampiros que llevan décadas conviviendo en una casa de Staten Island. Las criaturas se preocupan por cosas tan banales como quién entra primero a la patera, quién tiene el trono del sillón del living o cómo sobrevivir a un mandato ancestral que les prohíbe morder sin permiso. El elenco es joyita: Kayvan Novak, Matt Berry, Natasia Demetriou, Harvey Guillén, Mark Proksch y Kristen Schaal construyen personajes entrañables, torpes y, a la vez, llenos de una aristocracia disfrazada de monotonía suburbana.
La gracia es que la serie nunca se burla de los vampiros sin afecto: se ríe de sus conflictos de poder, de sus peleas por la sanguijuela recién sacrificada, de su eterna pelea con el clan de los loup-garous, pero también les tiene cariño, porque los entiende. Y a quien le pregunte le digo: arranquen con esta, que después van a querer volver a Drácula con otros ojos.
La sangre con espada: acción, animación y un videojuego ochentoso
Pasamos de la comedia al anime con Castlevania, que para mí es la hermana moderna del cine de artes marciales pero con crucifixiones incluidas. La serie nace de un videojuego de Konami de los años ochenta y la adapta Warren Ellis, que no es un guionista cualquiera sino alguien que sabe mezclar mitología, religión y violencia como pocos. Richard Armitage, James Callis, Graham McTavish y Theo James le ponen voz a un universo donde los Belmont, los vampiros y la Iglesia se reparten un mundo al borde del colapso. Si les gustó el juego, la serie les va a explotar la cabeza; y si nunca tocaron un joystick ochentoso, les va a funcionar como un anime adulto y brutal.
Drácula vuelve a ser Drácula, pero de la mano de dos ingleses con humor negro
El conde más famoso de la literatura gótica tiene una versión para nada solemne en la serie Drácula que firman Mark Gatiss y Steven Moffat. Son apenas tres episodios de noventa minutos, lo justo y necesario para no estirar la cosa, y cuentan con Claes Bang en el papel del Conde, Dolly Wells como la monja que se le planta y John Heffernan en el elenco de soporte. Lo que me gusta acá es que Gatiss y Moffat entienden que Drácula es un personaje con humor, aunque sea humor negro, y no se privan de meterle guiños al mito sin desarmarlo.
Otra adaptación literaria, pero con otro ADN, es NOS4A2: Jami O'Brien la creó a partir de la novela de Joe Hill, el hijo de Stephen King, y por eso la serie tiene ese perfume a terror autoral, sostenido además por la música de Mike Patton y unos efectos prácticos que ya casi no se ven en pantalla. Ashleigh Cummings y Zachary Quinto encabezan el reparto, y el resultado es una historia que cruza realidades alternativas, pueblos fantasmas y una Harley Davidson que es casi un personaje más.
Londres victoriano, hoteles de Tokio y clanes en guerra
- Penny Dreadful es la apuesta más literaria del lote: John Logan la ideó como un Frankenstein de criaturas, Eva Green es una medium que sostiene el mundo con la mirada, Timothy Dalton le pone cuerpo a un personaje clásico y Billie Piper, Rory Kinnear y Reeve Carney completan un reparto que mira al siglo XIX sin nostalgia barata.
- Tokyo Vampire Hotel es la rareza bien entendida: la escribe y la dirige Sion Sono, y cruza clanes vampíricos enemigos, kung fu y una sensualidad muy japonesa. Ami Tomite, Yumi Adachi, Megumi Kagurazaka y Kaho protagonizan una historia que no se parece a ninguna otra de la lista.
El menú, entonces, es variado: está el que quiere reírse con Clemente y Waititi, el que prefiere el terror con pedigree de Penny Dreadful, el que se engancha con Drácula porque le encanta Moffat, el que viaja al Japón de Sion Sono, y el que ya se crió jugando al Castlevania ochentoso. Yo les recomiendo, si tienen que elegir una sola para empezar, ir por Lo que hacemos en las sombras: porque después de verla uno entiende que los vampiros también se aburren, también se pelean por la sopa y, sobre todo, también se parecen un poco a nosotros. Y eso, viniendo de alguien que se crió escuchando historias de aparecidos en el litoral, vale oro.
