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El salario real de los argentinos formales camina en cuerda floja: gana en un cálculo y pierde en otro

Una misma medición del poder de compra arroja signo distinto según se incluya o no diciembre de 2023, mientras vivienda, servicios y transporte acumulan subas muy por encima del índice general. Los estatales pierden en todos los casos y más de 240.000 puestos privados se desvanecieron en el período.

Por Darío AlmirónEconomía y comercio · 21 de septiembre de 2026 · hace 3 h

Según datos oficiales analizados por este medio, los asalariados privados registrados perciben hoy un salario real 9% superior al de enero de 2024 cuando se excluye del cómputo a diciembre de 2023, pero pierden un 3,6% de poder de compra cuando ese mes se incorpora a la comparación. La diferencia no es menor: responde al salto inflacionario del 25,5% que registró el último mes del gobierno anterior y que quedó grabado como punto de partida en las estadísticas laborales.

El contraste no es un truco contable, sino una advertencia sobre cómo se lee la recuperación. Al tomar enero de 2024 como base inicial, los precios acumulan un alza del 234,7% hasta el cierre del período analizado, todavía sin fecha precisa publicada, mientras que al sumar diciembre de 2023 la suba acumulada trepa hasta el 320%. Los sueldos formales crecieron a un ritmo intermedio entre ambos escenarios, por lo que el resultado final depende de qué punto se elija como referencia. Vamos a los números: la comparación limpia arroja una mejora real del 9%; la comparación que contempla todo el ciclo muestra una pérdida real del 3,6%.

Vivienda y servicios pesan más que la inflación general

Pagar la vivienda, los servicios y el transporte se lleva una proporción creciente del ingreso aunque el sueldo acompañe al índice general. En el mismo tramo que va de enero de 2024 al cierre del período, el rubro vivienda, agua, electricidad y gas trepó cerca del 530%, y el transporte acumuló un incremento del 274%, muy por encima del 234,7% que registró el promedio de precios al consumidor. Esa brecha explica por qué una mejora salarial medida contra el indicador general no siempre se traduce en mayor dinero disponible: el resultado de cada hogar depende de cuánto destina a gastos fijos y de cómo reparte el resto de sus consumos.

  • Vivienda, agua, electricidad y gas: alrededor del 530% acumulado.
  • Transporte: 274% acumulado.
  • Inflación general desde enero de 2024: 234,7%.
  • Inflación general desde diciembre de 2023: cerca del 320%.
  • Salario real de privados registrados (base enero 2024): +9%.
  • Salario real de privados registrados (base diciembre 2023): -3,6%.

Estatales pierden en los dos escenarios e informales recuperan desde niveles muy bajos

Los empleados públicos corren con peor suerte: su poder adquisitivo muestra caídas reales en ambas lecturas, que van del 0,7% al 16,5% según el tramo considerado, siempre dentro del período estudiado. En el otro extremo, el universo informal —los asalariados no registrados— presenta mejoras reales mucho más fuertes, del 85% al 115%, según los datos del INDEC. Se trata de un segmento que representa más del 44% de los trabajadores asalariados y que arrancó el ciclo desde ingresos profundamente deteriorados; los porcentajes, por lo tanto, describen una recuperación desde niveles bajos y no un nivel de vida comparable al de los asalariados formales.

Tampoco es lo mismo medir con un indicador que con otro. El RIPTE releva remuneraciones brutas de empleados formales con más de trece meses de antigüedad y deja afuera tanto a quienes no cumplen ese requisito como a los trabajadores no registrados, mientras que el Índice de Salarios del INDEC distingue tres universos: privado registrado, público e informal. Mezclar las cifras sin considerar qué población mide cada uno puede llevar a conclusiones cruzadas y a comparar peras con manzanas.

La variable salarial, además, no agota la película del mercado laboral: el SIPA da cuenta de más de 240.000 puestos de trabajo privados formales perdidos durante el período analizado, una dimensión que queda fuera del debate sobre el poder de compra y que cualquier diagnóstico serio debería incorporar. Para el mes que viene, Darío Almirón señala que la mirada deberá posarse sobre tres indicadores clave: la inflación mensual que publique el INDEC, la evolución específica del rubro vivienda y servicios, y la cantidad de empleos privados registrados que logre recuperar o perder el sistema previsional. Esos tres datos, más que el promedio salarial, permitirán saber si la mejora del 9% se consolida o si se desvanece como tantas otras promesas estadísticas.

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Darío AlmirónEconomía y comercio

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