Jubilarse no apaga la cabeza: qué hábitos ayudan a cuidar la memoria después de los 60
Al dejar el trabajo se pierden el horario, el contacto con otras personas y los desafíos cotidianos. Fernández Miranda reúne hábitos respaldados por investigaciones para sostener la memoria y la atención.
Cuando uno se jubila, el cerebro pierde de golpe cuatro cosas a la vez: un horario fijo, el contacto con otras personas, problemas que resolver y un motivo para levantarse. Nicolás Fernández Miranda, magíster en neurociencia y autor de Hackea tu Cerebro, sostiene que esa pérdida tiene efectos medibles.
Según el material, un estudio realizado en el Reino Unido siguió a más de 3.400 empleados públicos antes y después de jubilarse. Allí se encontró que el deterioro de la memoria verbal se aceleraba un 38% tras dejar el trabajo. Para el especialista, la clave no es el trabajo en sí, sino la exigencia que traía consigo, y esa exigencia puede trasladarse a otras actividades.
El cuerpo como base
- Ejercicio de fuerza: en una investigación de la Universidad de British Columbia, las mujeres que entrenaron fuerza una o dos veces por semana mejoraron en pruebas de atención, mientras que el grupo de equilibrio no registró mejoras.
- Sueño: un seguimiento de casi 8.000 personas durante 25 años, a cargo de un equipo del University College de Londres, asoció dormir seis horas o menos en la franja de los 50, 60 y 70 años con un 30% más de riesgo de demencia.
- Caminar de forma regular: según un estudio de la Universidad de Pittsburgh, esta actividad hace crecer el hipocampo, la zona donde se forman los recuerdos nuevos.
La mentalidad importa
La actitud frente al envejecimiento también pesa. Becca Levy, de la Universidad de Yale, midió su efecto durante décadas. Según el material, quienes tienen una visión positiva vivieron en promedio siete años y medio más, y en un estudio con 4.765 participantes presentaron un 44% menos de riesgo de demencia. La explicación que se da es funcional: quien piensa que ya está grande para ciertas cosas deja de exigirse, y el cerebro desactiva lo que no usa.
Leído en conjunto, el mensaje es que retirarse del trabajo no implica dejar de exigir la cabeza. Como cronista, me parece que la pregunta de fondo es cuánto espacio se le da a esa exigencia cuando el horario deja de ordenar el día.
