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La escuela que Shakira levantó en Cartagena y que sigue abriendo sus puertas diez años después

La cantante puso más de la mitad de los casi ocho millones de dólares que costó la Institución Educativa Lomas del Peyé, un colegio con capacidad para 1700 alumnos que funciona como un pequeño polo social en el barrio La María.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · 26 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A veces una escuela empieza como un sueño y termina siendo el corazón entero de un barrio. Eso fue lo que pasó en La María, un sector de Cartagena de Indias donde Shakira, a través de la Fundación Pies Descalzos, puso 3,68 millones de dólares para levantar, en un terreno de 7780 metros cuadrados, un colegio que hoy, una década después de su inauguración, sigue recibiendo a chicos y grandes como si fuera una plaza pública con bancos, aulas y comedor.

Las puertas de la Institución Educativa Lomas del Peyé se abrieron por primera vez en febrero de 2014, cuando Shakira ya era una estrella mundial pero todavía elegía mirar hacia su tierra con la misma decisión con la que canta. El edificio fue pensado para 1700 alumnos y por allí pasan más de mil chicos por año, en un recorrido que arranca en la primera infancia, sigue por la primaria y termina en la secundaria, sin obligar a las familias a cambiar de escuela a cada rato.

Un colegio con aulas, pero también con patio abierto para el barrio

Lo interesante de este proyecto es que no se quedó en las paredes de un aula. En sus 55 espacios conviven aulas especializadas, una biblioteca, un comedor, instalaciones deportivas y un centro de uso comunitario al que pueden entrar las familias del barrio, no solamente los estudiantes. Esa decisión de mezclar lo escolar con lo barrial fue clave para que la obra no quedara como una caja de cemento cerrada a las cinco de la tarde.

  • Capacidad total: 1700 estudiantes, con más de mil chicos y chicas atendidos cada año.
  • Niveles cubiertos: primera infancia, primaria y secundaria en un mismo edificio.
  • 55 espacios repartidos en 7780 metros cuadrados, con aulas, biblioteca, comedor y áreas deportivas.
  • Centro comunitario dentro del predio, abierto a las familias del barrio La María.

La obra completa costó alrededor de ocho millones de dólares y Shakira puso el 46% de ese dinero, casi la mitad. El resto se completó con aportes del sector público y de privados, en una sociedad que muestra cómo, cuando una figura masiva se compromete con un proyecto educativo, el Estado y las empresas suelen terminar de redondear la cifra.

Pero la plata no fue lo único que movió la construcción. Mientras se levantaban las paredes, la Fundación Pies Descalzos calcula que se generaron entre 350 y 400 puestos de trabajo directos, y que un 60% de esos empleos quedó en manos de vecinos de barrios cercanos. Es decir que la escuela no solo educa: también da laburo mientras se construye y después, cuando abre, sigue siendo fuente de ingresos para cocineras, porteros, preceptores y docentes de la zona.

La propia fundación suele repetir una idea que a mí, si me permiten, me emociona especialmente: que la educación es la herramienta más poderosa para transformar la realidad de las comunidades más vulnerables. Y esta escuela de Cartagena es, quizá, el ejemplo más concreto de esa frase hecha carne en ladrillos, patios y aulas. En 2024, cuando se cumplieron diez años de la inauguración, la fundación volvió a pisar el barrio para celebrar el aniversario y ratificar el compromiso de seguir trabajando para que cada vez más chicos de la zona accedan a una educación en condiciones dignas.

“La educación es la herramienta más poderosa para transformar la realidad de las comunidades más vulnerables.”Fundación Pies Descalzos

Mirado desde acá, desde nuestro sur, este caso también deja una pregunta que me parece vale la pena hacerse en voz alta, casi como se canta una canción de raizambre al lado del río: si una artista pop colombiana pudo poner casi la mitad de los dólares que costó una escuela de 1700 chicos y generar, mientras se construía, cientos de puestos de trabajo en su propio barrio, qué impide que otras voces reconocidas, acá o allá, hagan algo parecido. Y también, en un plano más de a pie, qué actividades nuevas se podrían sumar a un colegio que ya recibe a las familias, para que el edificio siga latiendo cuando suena el timbre final de la tarde.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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