Suar sin comillas: la herencia de un apellido que nació de un tropezón en la radio
Toto Kirzner contó el origen del nombre artístico de su padre, que se forjó cuando los locutores no podían pronunciar a su abuelo, el cantante lírico Leibele Schwartz. Y explicó por qué él eligió quedarse con el suyo propio.
Empiezo por la primera escena, la que me imagino cada vez que escucho esta historia: un estudio de radio de mediados del siglo pasado, un locutor con el papel en la mano y un cantante lírico de origen judío parado frente al micrófono que se llama Leibele Schwartz. El locutor mira la planilla, mira al artista, mira de nuevo la planilla, respira hondo y termina diciendo, casi rendido, Leo Suárez. Esa imagen, tan chica y tan cotidiana, fue el germen de un apellido que hoy suena a apellido de toda la vida: Suar. Así lo reconstruyó Toto Kirzner, que se sentó a charlar y tiró de la cuerda hasta llegar al fondo de la historia familiar.
Un nombre que se inventó sin querer
Porque acá viene lo lindo, lo que tiene esa cosa que en el chamamé llamaríamos un mbape (un encuentro, un cruce de caminos inesperado): el apellido Suar no nació de un capricho ni de una estrategia de marketing, nació de un problema concreto. Los locutores no podían pronunciar Leibele Schwartz y, como pasa muchas veces con la lengua, cuando algo no sale, se lo acomoda. Primero fue Leo Suárez, más tarde fue Leo Suar, y con el correr de los años el apodo se volvió nombre artístico.
“Cuando él iba a la radio le decían Leo Suárez, no les salía Leibele Schwartz ni en pedo. Entonces, era todo Leo Suárez y terminó siendo Leo Suar.”Toto Kirzner
Su padre tomó la adaptación como propia, casi con humor. Le causó gracia y lo adoptó, contó Toto, y agregó que el hombre razonó algo tan simple como esto: Bueno, es más sencillo. Y razón no le faltaba: a veces un nombre más corto te abre la puerta que uno largo te cierra. La cuestión es que lo que había sido un parche fonético para la radio se transformó, con el tiempo, en la identidad pública con la que su padre construyó una carrera entera en el espectáculo argentino.
Por qué Toto no se subió al tren del Suar
Cuando Toto arrancó en televisión y en teatro, la lógica familiar empujaba en una dirección: usar Suar, seguir la línea, aprovechar el peso de un nombre ya instalado. El propio padre se lo planteó, aunque con dudas sobre cómo sonaría la combinación. Mi viejo en un momento me decía Toto Suar nos queda mal, recordó Kirzner, y se rio al contarlo. Pero la respuesta del hijo fue tajante y, lo que es mejor, bien argumentada: No me siento cómodo. Usemos nuestro apellido. ¿Para qué carajo lo tengo, si no? Me gusta esa frase porque tiene esa cosa de alguien que sabe quién es y desde dónde habla. Kirzner es el apellido que figura en su documento y también el que eligió para pisar los escenarios.
El árbol genealógico detrás de la decisión
Para entender la decisión de Toto conviene mirar un poco hacia arriba. Leibele Schwartz fue un cantante lírico de trayectoria internacional: grabó más de 30 álbumes, se paró frente a la Orquesta Sinfónica de Filadelfia, la Sinfónica de Israel y la Sinfónica Nacional Argentina, y además se desempeñó como actor y como jazan, que es la persona que dirige los rezos cantados en el judaísmo. Murió el 11 de julio de 1992, a los 59 años. Su esposa, la actriz Lilian Keller, falleció el 30 de septiembre de 2020, a los 74, tras un accidente cerebrovascular. Son nombres enormes los que le llegan a Toto por delante. Y, sin embargo, él prefirió no tapar el suyo con el de ellos.
Toda esta historia de nombres cambiados, apellidos adaptados y decisiones que parecen chiquitas pero terminan definiendo una identidad me deja pensando algo que quiero compartir con vos, lector. La pregunta que me queda dando vueltas es esta: ¿vos usarías el apellido de tu familia si pudiera abrirte puertas, o preferirías construir tu propio nombre? A mí, te confieso, me pasa que cada vez valoro más a los que eligen plantarse con lo que les tocó en el documento. No por purismo, sino porque cada vez que alguien se anima a decir Yo soy este, hay algo de coraje que se nota. Y si de recomendaciones se trata, porque no me quiero ir sin dejarte una punta: andá a buscar a Toto Kirzner en alguna obra, miralo en escena, y escuchá también alguna grabación de su abuelo Leibele Schwartz. Vas a entender por qué un apellido puede ser una elección y no una herencia obligatoria.
