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Jueves, 5 de noviembre de 2026
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Un mismo salón, dos westerns de Leone: el decorado que sobrevivió a cinco años

El escenario de una conversación cómica en Mi nombre es Ninguno ya había servido para una subasta cargada de tensión en Hasta que llegó su hora.

Por Lautaro MaidanaCultura y chamamé · · hace 1 h
Un mismo salón, dos westerns de Leone: el decorado que sobrevivió a cinco años

Si uno mira con atención la conversación entre Ninguno y el pistolero Don John en Mi nombre es Ninguno, alrededor del minuto 52, quizás no note que el lugar donde ocurre la escena tiene una historia bastante más larga. Las paredes de ladrillo blanco, las columnas de madera, el balcón elevado y las lámparas colgantes componen un salón que el espectador ve de pasada, pero que ya había estado frente a cámara cinco años antes.

La película de 1973, el western protagonizado por Terence Hill y Henry Fonda bajo la producción de Sergio Leone, siguió a un joven que admira a un pistolero retirado y lo arrastra a varios enfrentamientos. Dirigida por Tonino Valerii, se volvió un clásico del spaghetti western por su mezcla de humor e ironía, que la separaba de los títulos más solemnes del género.

Un escenario con antecedentes

El salón ya había aparecido en Hasta que llegó su hora, dirigida por Leone en 1968 con Henry Fonda, Claudia Cardinale y Charles Bronson en el elenco. Allí el edificio funciona como escenario de la subasta en la que el personaje de Cardinale pelea por su propiedad mientras los hombres del villano Frank ejercen presión.

El vínculo no es fortuito. Leone produjo ambas películas, y eso explica que el equipo recurriera al mismo decorado. El espacio fue reconstruido y modificado entre una filmación y la otra, pero conserva elementos suficientes para que la conexión se pueda comprobar.

Lo que se mantiene de una película a otra

  • Las paredes de ladrillo blanco
  • Las columnas de madera
  • El balcón elevado
  • Las lámparas que cuelgan del techo

Lo más interesante es el contraste de lo que ocurre entre esas cuatro paredes. En 1968 la escena carga con tensión dramática y violencia implícita; en 1973 el mismo salón sirve para un intercambio cómico entre dos pistoleros. Son registros opuestos dentro de un mismo género, unidos por la figura de un productor que moldeó buena parte del western italiano de esa época.

LM
Lautaro MaidanaCultura y chamamé

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